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martes, 9 de enero de 2018

El ruiseñor y la rosa. Oscar Wilde


-Dijo que bailaría conmigo si le
llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una sola rosa roja en todo mi jardín. Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.

  -¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.

  Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.

  -¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.

  -He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.

 -El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.

  -He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.

  -Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.

  Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con las manos y lloraba.

  -¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él, con la cola levantada.

  -Sí, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.

  -Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una vocecilla tenue.

  -Llora por una rosa roja.

  -¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!

  Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con todas sus ganas.

  Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el misterio del amor.

  De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.

  Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.

  En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.

  -Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.

  Pero el rosal meneó la cabeza.

  -Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá él te dé lo que quieres.

  Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.

  -Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.

  Pero el rosal meneó la cabeza.

  -Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá él te dé lo que quieres.

  Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.

  -Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis canciones más dulces.

  Pero el arbusto meneó la cabeza.

  -Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas este año.

  -No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?

  -Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

  -Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.

  -Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.  -

  La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?

  Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.

  El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.

  -Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su hálito es como el incienso.

  El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros. Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.

  -Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!

  Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que ríe en una fuente argentina.

  Al terminar la canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.

  "El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene notas bellísimas. ¡Qué lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!"

  Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.

  Al poco rato se quedó dormido.

  Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.

  Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.

  Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.

  Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.

  Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.

  La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.

  Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.

  -Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.

  Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.

  Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.

  Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.

  Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.

  -Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.

  Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.

  Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.

  Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala.

  Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.

  Pero la voz del ruiseñor desfalleció.

  Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.

  Su canto se fue debilitando cada vez más.

  Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.

  Entonces su canto tuvo un último destello.

  La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.

  La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.

  El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.

  El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.

  -Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.

  Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.

  A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.

  -¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.

  E inclinándose, la cogió.

 Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del profesor, llevando en su mano la rosa.

 La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.

  -Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuánto te quiero.

  Pero la joven frunció las cejas.

  -Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.

  -¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.

  Y tiró la rosa al arroyo.

  Un pesado carro la aplastó.

 -¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán.

  Y levantándose de su silla, se metió en su casa.

  "¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica.

 " Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.




+Texto:
https://es.m.wikisource.org/wiki/El_ruise%C3%B1or_y_la_rosa

     +Imágen:
Son dos imagenes -un ruiseñor y una rosa- descargadas de:

 https://commons.m.wikimedia.org

La ilustracion la he realizado con un simple programa editor de imágenes.

Espero os guste este post.

Un saludín


martes, 2 de mayo de 2017

Leyenda de los árboles de hoja perenne


Hola a todos/as:

Hacía ya tiempo deseaba volver a leer uno de los cuentos favoritos de mi niñez 'El pajarito herido y el abeto', hoy he gozado de buenos encuentros sobre dicho relato. Aquí quedan escritas dos de sus múltiples
versiones:

1. Como leyenda.

2. Como obra de teatro

En último lugar, atenderemos a:

Diferencias entre abetos y pinos.

1. Leyenda
'Leyenda de los árboles de hoja perenne'

Un invierno, cuando las aves estaban emigrando para el sur, a zonas más cálidas, hubo un ave que se rompió su ala durante el camino y se quedó atrás.

Pronto las heladas y la nieve cubrieron todo el bosque y tenía mucho frío y hambre….
Entonces, le pidió a los árboles que le ayudaran y le permitieran quedarse en sus ramas.

- El Abedul estaba orgulloso de ser bello y soberbio y respondió a la petición de la ave, diciendo que él no podía ayudarlo porque tenía que cuidar a las aves que vivían en aquel bosque.

- El Roble siembre fuerte era reacio porque tenía miedo de que el pájaro quisiera vivir allí hasta la primavera y se comiera algunas de sus bellotas.

- Incluso el Sauce, que parecía ser de carácter mas suave se negó a ayudar, e incluso decía que el no hablaba con extraños.

El pobre pájaro estaba en mucho dolor y pena y trató de volar un poco más, pero sus alas aún no estaban aptas para ello.

Al ver a su gran lucha por sobrevivir, el Abeto le preguntó, ¿por qué estaba tan triste?

Cuando el pájaro reveló sus penas, el abeto le ofreció la más gruesa, la más suave y cálida rama que tenia para quedarse. El ave estaba muy contenta, por fin de encontrar alguna ayuda.

Pinus sylvestris, Juan Luis Menéndez

Inspirado por la bondad de abeto, el grande y fuerte Pino también se ofreció para proteger al Abeto y al pájaro del viento del Norte a durante todo el invierno.

El Enebro también ayudó, algo muy poco corriente en el, y le ofreció a sus bayas para que el pájaro saciara su hambre.

Así, el pájaro vivía cómodamente allí en los árboles, sus amigos y se fue volando de nuevo en primavera, cuando su ala sanó de nuevo, sumamente agradecido.

El Rey Frost,(Rey Invierno) que observó la conducta de todos los árboles, dio estrictamente instrucciones al Viento del Norte de no tocar nunca más ni una sola hoja de los Abetos, Pinos y Enebros, mientras que él, el viento, sería totalmente libre de hacer estragos en las hojas de otros árboles .

El Viento del Norte es especialmente popular y duro, durante el deshoje brillante, de todas las hojas verdes de los Sauces, Robles y otros árboles donde habitan las aves Soplando constante hasta conseguir dejar sus ramas totalmente al descubierto durante los inviernos, sin nada para protegerse de la nieve, la lluvia y el granizo.
Y es precisamente por su bondad que las hojas del Abeto, el Pino y el Enebro siempre están verdes y se les conoce como árboles de hoja perenne. Un Don concedido por el Rey Invierno y acatado por el resto de los elementos.

FIN

Autor: desconocido.


2. Obra de teatro
'El pajarillo herido y el abeto'

Autor: Francisco García Pourriños

Personajes: 14

5 árboles (abeto, roble, abedul, sauce y castaño)/Narrador / Hermanito/Pajarillo/4 Fantasmas (Gordo, Delgado, Alto, Bajo)/Príncipe de hielo/Rey invierno

Al levantarse el telón, se ve un bosque, con cinco “árboles” en primer plano (abeto, roble, abedul, sauce y castaño). A un lado, el narrador y su hermanito, en el dormitorio de su casa. El hermanito, acostado, y el narrador sentado en una silla, tomándole una mano y en actitud de contarle una historia.

Hermanito: ¡Anda! ¡Cuéntame una historia! ¡Por favor!

Narrador: ¡Cállate de una vez, Dani! ¡No tengo ganas!

Hermanito:¡Por favor! ¡Sólo ésta!

Narrador: ¡Está bien! ¡La última, eh! ¡Prepárate!

Hermanito: ¡Gracias, gracias! ¡Viva! ¡Una bonita, eh!

Narrador: ¡Está bien! ¡Cállate ya! Empezamos…¿Sabes por qué el abeto conserva sus hojas en invierno?

Hermanito: ¡No! ¿Por qué?

Narrador: Te lo diré… ¡Atención!

Érase una vez un pajarillo que tenía un ala rota y no podía volar bien. Se había golpeado contra un tronco al intentar huir de los disparos de un cazador…y volaba lo mejor que podía con su ala rota y se arrastraba hacia el bosque,

Aparece el pajarillo por un lateral

Pajarillo: Tal vez los árboles del bosque me darán cobijo…Voy a preguntárselo…

Narrador: El primer árbol que encontró era un roble. Como estábamos a comienzos del otoño, tenía muchas bellotas y muchas hojas, era muy frondoso. El pajarillo le dijo:

Pajarillo: Señor roble: ¿podría usted alojarme entre sus hojas hasta la primavera? Yo no puedo volar bien con mi ala rota…

Roble: Pero bueno, pajarraco; ¿tú crees que soy tonto? Tú lo que quieres es comerte todas mis bellotas. ¡Largo de aquí! ¡Fuera!

Narrador: El pobre pajarillo se fue, volando lo mejor que podía con su ala rota, hasta que llegó frente a un abedul muy elegante, con su hermoso vestido plateado. El pajarillo le preguntó humildemente:

Pajarillo: Hermoso abedul: ¿me dejaría usted vivir entre sus ramas hasta que llegue la estación buena? Tengo esta ala rota y no puedo volar bien…

Abedul: Pero, ¿cómo se te ocurre pedirme eso, pajarito? ¿No sabes que soy el marqués de la Plata, el abedul más precioso del bosque? ¡Menuda facha tendría contigo ahí arriba! ¡Qué desastre! ¡Búscate otro arbolito! ¡Hay muchos por aquí! ¡Lárgate!

Narrador: El pobre pajarillo se fue, volando y volando lo mejor que podía con su ala rota. ..Estaba algo desanimado.

De pronto, aparecieron unos fantasmas muy juguetones. Se habían escapado de un castillo inglés y pasaban por el bosque, en busca de aventuras. Divisaron al pajarillo y se movieron a compasión. Y se acercaron a él…

Gordo: ¿Qué te pasa, pajarillo?

Pajarillo: Pues que no puedo volar bien con mi ala rota y los árboles del bosque no quieren cobijarme.

Delgado: Nosotros te ayudaremos… Venga, chicos, vamos a ayudarle…

Alto: ¿Cómo podríamos ayudarle?

Bajo: ¿Le cantamos una canción?

Los demás: ¡Bien!¡eso, eso!

Narrador: Y le cantaron esta canción, mientras bailaban alrededor

(Cualquier canción popular que se se quiera enseñar a los niños)

Narrador: El pajarillo se sintió más animado. Y los fantasmas se despidieron:

Gordo: ¿Qué? ¿Ya estás más animado? ¡Alégrate!

Delgado: Bueno, ánimo, pajarillo. Tenemos que marchamos al castillo antes de que se entere mamá.

Alto y Bajo: Sí, vámonos. ¡Adiós, pajarillo! ; sigue intentándolo…

Todos: ¡Adiós! (Desaparecen por un lateral)

Narrador: El pajarillo, más confortado, se dirigió a un sauce llorón, que estaba cerca.

Pajarillo: ¡Hola, señor Sauce! ¿Podría usted guarecerme entre sus ramas hasta que llegue la estación florida? Ya ve que estoy herido: no puedo volar bien con mi ala rota….

Sauce: ¡Lárgate, pajarillo! No acostumbro a recibir extraños en mi casa: no me dejan llorar bien ¿sabes? Así que ¡lárgate!

Narrador: El pobre pajarillo se fue volando lo mejor que pudo con su ala rota. Y llegó a un castaño de copa redonda. Le preguntó humildemente:

Pajarillo: Señor marqués del Castañar, ¿Podría dejarme vivir entre sus hojas hasta la primavera? Tengo un ala rota y no puedo volar bien…

Castaño: No alojo nunca a los forasteros, pajarillo. Lo siento. Lo único que puedo hacer es darte una castaña… ¡Vete!

Narrador: El pobre pajarillo estaba desconsolado. No sabía a quién dirigirse. Siguió arrastrando su ala rota, buscando quien le acogiese…

Entonces el abeto le vio pasar y le dijo:

Abeto: Pero, ¡Chico! ¡Quédate conmigo! ¡No faltaría más…! Mira, ponte aquí, en, esta rama frondosa: creo que es la más calentita. Puedes quedarte aquí todo el Invierno.

Pajarillo: Muchas gracias, señor abeto.

Abeto: De nada. Así me harás compañía.

Narrador: Al poco tiempo, el príncipe del hielo, hijo del Rey Invierno, preguntó a su padre: (Aparecen los dos)

Príncipe del Hielo: ¿Puedo divertirme con cualquier árbol? ¿Puedo soplarles a todos?

El Rey Invierno: Puedes soplar a los que quieras, hijo; pero el árbol que fue bueno con el pajarillo herido, debe conservar sus hojas. A ése, déjale tranquilo.

El príncipe del Hielo: Bien, papá.

Narrador: Y fue soplando y soplando a los árboles, que iban perdiendo sus hojas…

Sin embargo, al abeto, que había alojado al pajarillo herido, tuvo que dejarlo en paz… y conservó sus hojas en invierno para siempre…

Narrador: Bueno, menos mal Dani se ha dormido…

( y se retira lentamente, mientras cae el telón)

FIN


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Aprendiendo a distinguir:



El pino y el abeto


El pino y el abeto, dos especies que en multitud de ocasiones son confundidos o simplemente hay quien piensa que es el mismo árbol. Es por este motivo que hoy nos ponemos manos a la obra para contarte sus diferencias y que de esta manera puedas distinguirlos cuando estés en plena montaña.
1.- Mirar la forma del árbol: Tenemos que pensar que un pino es un árbol que puede tener hasta 20 metros de altura pero es que un abeto no sólo llega a esa altura, sino que puede duplicarla sin ningún problema. Así pues, cuando veamos un árbol de más de 20m de altura, a no ser que sea un caso excepcional podemos decir que será un abeto sin ninguna duda.
2.- La corteza: El abeto tiene una corteza de color gris blanquecino, mientras que el pino tiende a tenerla de color gris más oscuro. Aquí parece que la cosa ya está más complicada, dado que los colores son muy subjetivos, pero si no fijamos en la textura de la corteza, el pino la tiene escamosa, mientras que el abeto la tiene lisa y con vesículas resinosas.
3.- Las hojas: Este apunte es muy interesante, porque con un sólo gesto podemos disociar uno de otro… porque en el caso del abeto sus hojas no son punzantes, y si las giramos en su parte inferior veremos unos nervios de color blanco que el pino no tiene, ya que sus hojas son totalmente circulares. Esta prueba, sumada al hecho que las hojas de abeto no pinchan y las del pino si, son una inequívoca manera de diferenciarlos.
4.- Los frutos: Finalmente nos queda hablar de los frutos, esas piñas que nos aportan tanta información. Ambas especies florecen prácticamente a la vez, en el caso del pino en junio y julio, y en el caso del abeto un poco más primerizo lo hace de abril a junio, pero aquí no se encuentra la información más relevante si no en el hecho que las piñas del pino caen al suelo, mientras que las del abeto se descomponen en el propio árbol, dejando caer los piñones.-
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Fuentes.

- Leyenda:
http://piruja55.blogspot.com.es/2013/01/leyenda-de-los-arboles-de-hoja-perenne.html?m=1

-Obra de teatro:
https://obrasdeteatrocortas.com.mx/el-pajarillo-herido-y-el-abeto/

- Diferencias: El pino y el abeto
http://clave.zintegra.com/2014/11/10/el-pino-y-el-abeto/


-Imágenes:
http://dipacol.com/Aves/1680-Dibujos-para-colorear---aves-imprimir-gratis.html

http://m.gifmania.com.es/Plantas/Abetos/

Pinus sylvestris, Juan Luis Menéndez'
'https://www.asturnatura.com/familia/pinaceae.html

sábado, 26 de octubre de 2013

La Gata Rufa: El elefante y la alondra



María de los Ángeles es una blogger que, como buena maestra, nos relata escenas con sencillez y encanto. Os dejo un enlace hacia uno de los cuentos que publica en su blog

La Gata Rufa: El elefante y la alondra

Fuente: 
http://neoabuela.blogspot.com.es/2013/10/el-elefante-y-la-alondra.html?m=1




Imagen :
Huella de alondra común.
Foto publicada por Jesús del Valle 
http://contactonatura.blogspot.com.es/2011/07/alondra-comun.html?m=1