viernes, 11 de febrero de 2011

LA SIRENITA.ANDERSEN(PARTE II)


La sirenita
(Hans Christian Andersen)

En alta mar el agua es azul como los pétalos de la más hermosa centaura, y clara como el cristal más puro; pero es tan profunda, que sería inútil echar el ancla, pues jamás podría ésta alcanzar el fondo. Habría que poner muchos campanarios, unos encima de otros, para que, desde las honduras, llegasen a la superficie.
Pero no creáis que el fondo sea todo de arena blanca y helada; en él crecen también árboles y plantas maravillosas, de tallo y hojas tan flexibles, que al menor movimiento del agua se mueven y agitan como dotadas de vida. Toda clase de peces, grandes y chicos, se deslizan por entre las ramas, exactamente como hacen las aves en el aire. En el punto de mayor profundidad se alza el palacio del rey del mar; las paredes son de coral, y las largas ventanas puntiagudas, del ámbar más transparente; y el tejado está hecho de conchas, que se abren y cierran según la corriente del agua. Cada una de estas conchas encierra perlas brillantísimas, la menor de las cuales honraría la corona de una reina.

Hacía muchos años que el rey del mar era viudo; su anciana madre cuidaba del gobierno de la casa. Era una mujer muy inteligente, pero muy pagada de su nobleza; por eso llevaba doce ostras en la cola, mientras que los demás nobles sólo estaban autorizados a llevar seis. Por lo demás, era digna de todos los elogios, principalmente por lo bien que cuidaba de sus nietecitas, las princesas del mar. Estas eran seis, y todas bellísimas, aunque la más bella era la menor; tenía la piel clara y delicada como un pétalo de rosa, y los ojos azules como el lago más profundo; como todas sus hermanas, no tenía pies; su cuerpo terminaba en cola de pez.

Las princesas se pasaban el día jugando en las inmensas salas del palacio, en cuyas paredes crecían flores. Cuando se abrían los grandes ventanales de ámbar, los peces entraban nadando, como hacen en nuestras tierras las golondrinas cuando les abrimos las ventanas. Y los peces se acercaban a las princesas, comiendo de sus manos y dejándose acariciar.
Frente al palacio había un gran jardín, con árboles de color rojo de fuego y azul oscuro; sus frutos brillaban como oro, y las flores parecían llamas, por el constante movimiento de los pecíolos y las hojas. El suelo lo formaba arena finísima, azul como la llama del azufre. De arriba descendía un maravilloso resplandor azul; más que estar en el fondo del mar, se tenía la impresión de estar en las capas altas de la atmósfera, con el cielo por encima y por debajo.
Cuando no soplaba viento, se veía el sol; parecía una flor purpúrea, cuyo cáliz irradiaba luz.

Cada princesita tenía su propio trocito en el jardín, donde cavaba y plantaba lo que le venía en gana. Una había dado a su porción forma de ballena; otra había preferido que tuviese la de una sirenita. En cambio, la menor hizo la suya circular, como el sol, y todas sus flores eran rojas, como él. Era una chiquilla muy especial, callada y cavilosa, y mientras sus hermanas hacían gran fiesta con los objetos más raros procedentes de los barcos naufragados, ella sólo jugaba con una estatua de mármol, además de las rojas flores semejantes al sol. La estatua representaba un niño hermosísimo, esculpido en un mármol muy blanco y nítido; las olas la habían arrojado al fondo del océano. La princesa plantó junto a la estatua un sauce llorón color de rosa; el árbol creció espléndidamente, y sus ramas colgaban sobre el niño de mármol, proyectando en el arenoso fondo azul su sombra violeta, que se movía a compás de aquéllas; parecía como si las ramas y las raíces jugasen unas con otras y se besasen.
Lo que más encantaba a la princesa era oír hablar del mundo de los hombres, de allá arriba; la abuela tenía que contarle todo cuanto sabía de barcos y ciudades, de hombres y animales. Se admiraba sobre todo de que en la tierra las flores tuvieran olor, pues las del fondo del mar no olían a nada; y la sorprendía también que los bosques fuesen verdes, y que los peces que se movían entre los árboles cantasen tan melodiosamente. Se refería a los pajarillos, que la abuela llamaba peces, para que las niñas pudieran entenderla, pues no habían visto nunca aves.

- Cuando cumpláis quince años -dijo la abuela- se os dará permiso para salir de las aguas, sentaros a la luz de la luna en los arrecifes y ver los barcos que pasan; entonces veréis también bosques y ciudades.

Al año siguiente, la mayor de las hermanas cumplió los quince años; todas se llevaban un año de diferencia, por lo que la menor debía aguardar todavía cinco, hasta poder salir del fondo del mar y ver cómo son las cosas en nuestro mundo. Pero la mayor prometió a las demás que al primer día les contaría lo que viera y lo que le hubiera parecido más hermoso; pues por más cosas que su abuela les contase siempre quedaban muchas que ellas estaban curiosas por saber.
Ninguna, sin embargo, se mostraba tan impaciente como la menor, precisamente porque debía esperar aún tanto tiempo y porque era tan callada y retraída. Se pasaba muchas noches asomada a la ventana, dirigiendo la mirada a lo alto, contemplando, a través de las aguas azuloscuro, cómo los peces correteaban agitando las aletas y la cola. Alcanzaba también a ver la luna y las estrellas, que a través del agua parecían muy pálidas, aunque mucho mayores de como las vemos nosotros. Cuando una nube negra las tapaba, la princesa sabía que era una ballena que nadaba por encima de ella, o un barco con muchos hombres a bordo, los cuales jamás hubieran pensado en que allá abajo había una joven y encantadora sirena que extendía las blancas manos hacia la quilla del navío.

Llegó, pues, el día en que la mayor de las princesas cumplió quince años, y se remontó hacia la superficie del mar.
A su regreso traía mil cosas que contar, pero lo más hermoso de todo, dijo, había sido el tiempo que había pasado bajo la luz de la luna, en un banco de arena, con el mar en calma, contemplando la cercana costa con una gran ciudad, donde las luces centelleaban como millares de estrellas, y oyendo la música, el ruido y los rumores de los carruajes y las personas; también le había gustado ver los campanarios y torres y escuchar el tañido de las campanas.
¡Ah, con cuánta avidez la escuchaba su hermana menor! Cuando, ya anochecido, salió a la ventana a mirar a través de las aguas azules, no pensaba en otra cosa sino en la gran ciudad, con sus ruidos y su bullicio, y le parecía oír el son de las campanas, que llegaba hasta el fondo del mar.

Al año siguiente, la segunda obtuvo permiso para subir a la superficie y nadar en todas direcciones. Emergió en el momento preciso en que el sol se ponía, y aquel espectáculo le pareció el más sublime de todos. De un extremo el otro, el sol era como de oro -dijo-, y las nubes, ¡oh, las nubes, quién sería capaz de describir su belleza! Habían pasado encima de ella, rojas y moradas, pero con mayor rapidez volaba aún, semejante a un largo velo blanco, una bandada de cisnes salvajes; volaban en dirección al sol; pero el astro se ocultó, y en un momento desapareció el tinte rosado del mar y de las nubes.

Al cabo de otro año tocóle el turno a la hermana tercera, la más audaz de todas; por eso remontó un río que desembocaba en el mar. Vio deliciosas colinas verdes cubiertas de pámpanos, y palacios y cortijos que destacaban entre magníficos bosques; oyó el canto de los pájaros, y el calor del sol era tan intenso, que la sirena tuvo que sumergirse varias veces para refrescarse el rostro ardiente. En una pequeña bahía se encontró con una multitud de chiquillos que corrían desnudos y chapoteaban en el agua. Quiso jugar con ellos, pero los pequeños huyeron asustados, y entonces se le acercó un animalito negro, un perro; jamás había visto un animal parecido, y como ladraba terriblemente, la princesa tuvo miedo y corrió a refugiarse en alta mar. Nunca olvidaría aquellos soberbios bosques, las verdes colinas y el tropel de chiquillos, que podían nadar a pesar de no tener cola de pez.

La cuarta de las hermanas no fue tan atrevida; no se movió del alta mar, y dijo que éste era el lugar más hermoso; desde él se divisaba un espacio de muchas millas, y el cielo semejaba una campana de cristal. Había visto barcos, pero a gran distancia; parecían gaviotas; los graciosos delfines habían estado haciendo piruetas, y enormes ballenas la habían cortejado proyectando agua por las narices como centenares de surtidores.

Al otro año tocó el turno a la quinta hermana; su cumpleaños caía justamente en invierno; por eso vio lo que las demás no habían visto la primera vez. El mar aparecía intensamente verde, y en derredor flotaban grandes icebergs, parecidos a perlas -dijo- y, sin embargo, mucho mayores que los campanarios que construían los hombres. Adoptaban las formas más caprichosas y brillaban como diamantes. Ella se había sentado en la cúspide del más voluminoso, y todos los veleros se desviaban aterrorizados del lugar donde ella estaba, con su larga cabellera ondeando al impulso del viento; pero hacia el atardecer el cielo se había cubierto de nubes, y habían estallado relámpagos y truenos, mientras el mar, ahora negro, levantaba los enormes bloques de hielo que brillaban a la roja luz de los rayos. En todos los barcos arriaban las velas, y las tripulaciones eran presa de angustia y de terror; pero ella habla seguido sentada tranquilamente en su iceberg contemplando los rayos azules que zigzagueaban sobre el mar reluciente.

La primera vez que una de las hermanas salió a la superficie del agua, todas las demás quedaron encantadas oyendo las novedades y bellezas que había visto; pero una vez tuvieron permiso para subir cuando les viniera en gana, aquel mundo nuevo pasó a ser indiferente para ellas. Sentían la nostalgia del suyo, y al cabo de un mes afirmaron que sus parajes submarinos eran los más hermosos de todos, y que se sentían muy bien en casa.

Algún que otro atardecer, las cinco hermanas se cogían de la mano y subían juntas a la superficie. Tenían bellísimas voces, mucho más bellas que cualquier humano y cuando se fraguaba alguna tempestad, se situaban ante los barcos que corrían peligro de naufragio, y con arte exquisito cantaban a los marineros las bellezas del fondo del mar, animándolos a no temerlo; pero los hombres no comprendían sus palabras, y creían que eran los ruidos de la tormenta, y nunca les era dado contemplar las magnificencias del fondo, pues si el barco se iba a pique, los tripulantes se ahogaban, y al palacio del rey del mar sólo llegaban cadáveres.
Cuando, al anochecer, las hermanas, cogidas del brazo, subían a la superficie del océano, la menor se quedaba abajo sola, mirándolas con ganas de llorar; pero una sirena no tiene lágrimas, y por eso es mayor su sufrimiento.

- ¡Ay si tuviera quince años! -decía -. Sé que me gustará el mundo de allá arriba, y amaré a los hombres que lo habitan.

Y como todo llega en este mundo, al fin cumplió los quince años. - Bien, ya eres mayor -le dijo la abuela, la anciana reina viuda-. Ven, que te ataviaré como a tus hermanas-. Y le puso en el cabello una corona de lirios blancos; pero cada pétalo era la mitad de una perla, y la anciana mandó adherir ocho grandes ostras a la cola de la princesa como distintivo de su alto rango.

- ¡Duele! -exclamaba la doncella.

- Hay que sufrir para ser hermosa -contestó la anciana.

La doncella de muy buena gana se habría sacudido todos aquellos adornos y la pesada diadema, para quedarse vestida con las rojas flores de su jardín; pero no se atrevió a introducir novedades. - ¡Adiós! - dijo, elevándose, ligera y diáfana a través del agua, como una burbuja.

El sol acababa de ocultarse cuando la sirena asomó la cabeza a la superficie; pero las nubes relucían aún como rosas y oro, y en el rosado cielo brillaba la estrella vespertina, tan clara y bella; el aire era suave y fresco, y en el mar reinaba absoluta calma. Había a poca distancia un gran barco de tres palos; una sola vela estaba izada, pues no se movía ni la más leve brisa, y en cubierta se veían los marineros por entre las jarcias y sobre las pértigas. Había música y canto, y al oscurecer encendieron centenares de farolillos de colores; parecía como si ondeasen al aire las banderas de todos los países. La joven sirena se acercó nadando a las ventanas de los camarotes, y cada vez que una ola la levantaba, podía echar una mirada a través de los cristales, límpidos como espejos, y veía muchos hombres magníficamente ataviados. El más hermoso, empero, era el joven príncipe, de grandes ojos negros. Seguramente no tendría mas allá de dieciséis años; aquel día era su cumpleaños, y por eso se celebraba la fiesta.
Los marineros bailaban en cubierta, y cuando salió el príncipe se dispararon más de cien cohetes, que brillaron en el aire, iluminándolo como la luz de día, por lo cual la sirena, asustada, se apresuró a sumergirse unos momentos; cuando volvió a asomar a flor de agua, le pareció como si todas las estrellas del cielo cayesen sobre ella. Nunca había visto fuegos artificiales. Grandes soles zumbaban en derredor, magníficos peces de fuego surcaban el aire azul, reflejándose todo sobre el mar en calma. En el barco era tal la claridad, que podía distinguirse cada cuerda, y no digamos los hombres.

¡Ay, qué guapo era el joven príncipe!

Estrechaba las manos a los marinos, sonriente, mientras la música sonaba en la noche.


The Little Mermaid"La Sirenita de Anne Anderson(1874-1930)


Pasaba el tiempo, y la pequeña sirena no podía apartar los ojos del navío ni del apuesto príncipe. Apagaron los faroles de colores, los cohetes dejaron de elevarse y cesaron también los cañonazos, pero en las profundidades del mar aumentaban los ruidos. Ella seguía meciéndose en la superficie, para echar una mirada en el interior de los camarotes a cada vaivén de las olas. Luego el barco aceleró su marcha, izaron todas las velas, una tras otra, y, a medida que el oleaje se intensificaba, el cielo se iba cubriendo de nubes; en la lejanía zigzagueaban ya los rayos. Se estaba preparando una tormenta horrible, y los marinos hubieron de arriar nuevamente las velas. El buque se balanceaba en el mar enfurecido, las olas se alzaban como enormes montañas negras que amenazaban estrellarse contra los mástiles; pero el barco seguía flotando como un cisne, hundiéndose en los abismos y levantándose hacia el cielo alternativamente, juguete de las aguas enfurecidas. A la joven sirena le parecía aquello un delicioso paseo, pero los marineros pensaban muy de otro modo. El barco crujía y crepitaba, las gruesas planchas se torcían a los embates del mar. El palo mayor se partió como si fuera una caña, y el barco empezó a tambalearse de un costado al otro, mientras el agua penetraba en él por varios puntos. Sólo entonces comprendió la sirena el peligro que corrían aquellos hombres; ella misma tenía que ir muy atenta para esquivar los maderos y restos flotantes. Unas veces la oscuridad era tan completa, que la sirena no podía distinguir nada en absoluto; otras veces los relámpagos daban una luz vivísima, permitiéndole reconocer a los hombres del barco. Buscaba especialmente al príncipe, y, al partirse el navío, lo vio hundirse en las profundidades del mar. Su primer sentimiento fue de alegría, pues ahora iba a tenerlo en sus dominios; pero luego recordó que los humanos no pueden vivir en el agua, y que el hermoso joven llegaría muerto al palacio de su padre. No, no era posible que muriese; por eso echó ella a nadar por entre los maderos y las planchas que flotaban esparcidas por la superficie, sin parar mientes en que podían aplastarla. Hundiéndose en el agua y elevándose nuevamente, llegó al fin al lugar donde se encontraba el príncipe, el cual se hallaba casi al cabo de sus fuerzas; los brazos y piernas empezaban a entumecérsele, sus bellos ojos se cerraban, y habría sucumbido sin la llegada de la sirenita, la cual sostuvo su cabeza fuera del agua y se abandonó al impulso de las olas.

Al amanecer, la tempestad se había calmado, pero del barco no se veía el menor resto; el sol se elevó, rojo y brillante, del seno del mar, y pareció como si las mejillas del príncipe recobrasen la vida, aunque sus ojos permanecían cerrados. La sirena estampó un beso en su hermosa y despejada frente y le apartó el cabello empapado; entonces lo encontró parecido a la estatua de mármol de su jardincito; volvió a besarlo, deseosa de que viviese.

La tierra firme apareció ante ella: altas montañas azules, en cuyas cimas resplandecía la blanca nieve, como cisnes allí posados; en la orilla se extendían soberbios bosques verdes, y en primer término había un edificio que no sabía lo que era, pero que podía ser una iglesia o un convento. En su jardín crecían naranjos y limoneros, y ante la puerta se alzaban grandes palmeras. El mar formaba una pequeña bahía, resguardada de los vientos, pero muy profunda, que se alargaba hasta unas rocas cubiertas de fina y blanca arena. A ella se dirigió con el bello príncipe y, depositándolo en la playa, tuvo buen cuidado de que la cabeza quedase bañada por la luz del sol.


La Sirenita de wikip.

Las campanas estaban doblando en el gran edificio blanco, y un grupo de muchachas salieron al jardín. Entonces la sirena se alejó nadando hasta detrás de unas altas rocas que sobresalían del agua, y, cubriéndose la cabeza y el pecho de espuma del mar para que nadie pudiese ver su rostro, se puso a espiar quién se acercaría al pobre príncipe.

Al poco rato llegó junto a él una de las jóvenes, que pareció asustarse grandemente, pero sólo por un momento. Fue en busca de sus compañeras, y la sirena vio cómo el príncipe volvía a la vida y cómo sonreía a las muchachas que lo rodeaban; sólo a ella no te sonreía, pues ignoraba que lo había salvado. Sintióse muy afligida, y cuando lo vio entrar en el vasto edificio, se sumergió tristemente en el agua y regresó al palacio de su padre.

Siempre había sido de temperamento taciturno y caviloso, pero desde aquel día lo fue más aún. Sus hermanas le preguntaron qué había visto en su primera salida, mas ella no les contó nada.

Muchas veces a la hora del ocaso o del alba se remontó al lugar donde había dejado al príncipe. Vio cómo maduraban los frutos del jardín y cómo eran recogidos; vio derretirse la nieve de las altas montañas, pero nunca al príncipe; por eso cada vez volvía a palacio triste y afligida. Su único consuelo era sentarse en el jardín, enlazando con sus brazos la hermosa estatua de mármol, aquella estatua que se parecía al guapo doncel; pero dejó de cuidar sus flores, que empezaron a crecer salvajes, invadiendo los senderos y entrelazando sus largos tallos y hojas en las ramas de los árboles, hasta tapar la luz por completo.

Por fin, incapaz de seguir guardando el secreto, lo comunicó a una de sus hermanas, y muy pronto lo supieron las demás; pero, aparte ellas y unas pocas sirenas de su intimidad, nadie más se enteró de lo ocurrido. Una de las amigas pudo decirle quién era el príncipe, pues había presenciado también la fiesta del barco y sabía cuál era su patria y dónde se hallaba su palacio.

- Ven, hermanita -dijeron las demás princesas, y pasando cada una el brazo en torno a los hombros de la otra, subieron en larga hilera a la superficie del mar, en el punto donde sabían que se levantaba el palacio del príncipe.
Estaba construido de una piedra brillante, de color amarillo claro, con grandes escaleras de mármol, una de las cuales bajaba hasta el mismo mar. Magníficas cúpulas doradas se elevaban por encima del tejado, y entre las columnas que rodeaban el edificio había estatuas de mármol que parecían tener vida. A través de los nítidos cristales de las altas ventanas podían contemplarse los hermosísimos salones adornados con preciosos tapices y cortinas de seda, y con grandes cuadros en las paredes; una delicia para los ojos.
En el salón mayor, situado en el centro, murmuraba un grato surtidor, cuyos chorros subían a gran altura hacia la cúpula de cristales, a través de la cual la luz del sol llegaba al agua y a las hermosas plantas que crecían en la enorme pila.
Desde que supo dónde residía el príncipe, se dirigía allí muchas tardes y muchas noches, acercándose a tierra mucho más de lo que hubiera osado cualquiera de sus hermanas; incluso se atrevía a remontar el canal que corría por debajo de la soberbia terraza levantada sobre el agua. Se sentaba allí y se quedaba contemplando a su amado, el cual creía encontrarse solo bajo la clara luz de la luna.
Varias noches lo vio navegando en su preciosa barca, con música y con banderas ondeantes; ella escuchaba desde los verdes juncales, y si el viento acertaba a cogerle el largo velo plateado haciéndolo visible, él pensaba que era un cisne con las alas desplegadas.

Muchas noches que los pescadores se hacían a la mar con antorchas encendidas, les oía encomiar los méritos del joven príncipe, y entonces se sentía contenta de haberle salvado la vida, cuando flotaba medio muerto, a merced de las olas; y recordaba cómo su cabeza había reposado en su seno, y con cuánto amor lo había besado ella. Pero él lo ignoraba; ni en sueños la conocía.

Cada día iba sintiendo más afecto por los hombres; cada vez sentía mayores deseos de subir hasta ellos, hasta su mundo, que le parecía mucho más vasto que el propio: podían volar en sus barcos por la superficie marina, escalar montañas más altas que las nubes; poseían tierras cubiertas de bosques y campos, que se extendían mucho más allá de donde alcanzaba la vista. Había muchas cosas que hubiera querido saber, pero sus hermanas no podían contestar a todas sus preguntas. Por eso acudió a la abuela, la cual conocía muy bien aquel mundo superior, que ella llamaba, con razón, los países sobre el mar.

- Suponiendo que los hombres no se ahoguen -preguntó la pequeña sirena-, ¿viven eternamente? ¿No mueren como nosotras, los seres submarinos?

- Sí, dijo la abuela -, ellos mueren también, y su vida es más breve todavía que la nuestra. Nosotras podemos alcanzar la edad de trescientos años, pero cuando dejamos de existir nos convertimos en simple espuma, que flota sobre el agua, y ni siquiera nos queda una tumba entre nuestros seres queridos. No poseemos un alma inmortal, jamás renaceremos; somos como la verde caña: una vez la han cortado, jamás reverdece. Los humanos, en cambio, tienen un alma, que vive eternamente, aun después que el cuerpo se ha transformado en tierra; un alma que se eleva a través del aire diáfano hasta las rutilantes estrellas. Del mismo modo que nosotros emergemos del agua y vemos las tierras de los hombres, así también ascienden ellos a sublimes lugares desconocidos, que nosotros no veremos nunca.

- ¿Por qué no tenemos nosotras un alma inmortal? -preguntó, afligida, la pequeña sirena-. Gustosa cambiaría yo mis centenares de años de vida por ser sólo un día una persona humana y poder participar luego del mundo celestial.

- ¡No pienses en eso! -dijo la vieja-. Nosotras somos mucho más dichosas y mejores que los humanos de allá arriba.

- Así, pues, ¿moriré y vagaré por el mar convertida en espuma, sin oír la música de las olas, ni ver las hermosas flores y el rojo globo del sol? ¿No podría hacer nada para adquirir un alma inmortal?

- No -dijo la abuela-. Hay un medio, sí, pero es casi imposible: sería necesario que un hombre te quisiera con un amor mas intenso del que tiene a su padre y su madre; que se aferrase a ti con todas sus potencias y todo su amor, e hiciese que un sacerdote enlazase vuestras manos, prometiéndote fidelidad aquí y para toda la eternidad. Entonces su alma entraría en tu cuerpo, y tú también tendrías parte en la bienaventuranza reservada a los humanos. Te daría alma sin perder por ello la suya. Pero esto jamás podrá suceder. Lo que aquí en el mar es hermoso, me refiero a tu cola de pez, en la tierra lo encuentran feo. No sabrían comprenderlo; para ser hermosos, ellos necesitan dos apoyos macizos, que llaman piernas.
La pequeña sirena consideró con un suspiro su cola de pez.

- No nos pongamos tristes -la animó la vieja-. Saltemos y brinquemos durante los trescientos años que tenemos de vida. Es un tiempo muy largo; tanto mejor se descansa luego. Esta noche celebraremos un baile de gala.

La fiesta fue de una magnificencia como nunca se ve en la tierra. Las paredes y el techo del gran salón eran de grueso cristal, pero transparente. Centenares de enormes conchas, color de rosa y verde, se alineaban a uno y otro lado con un fuego de llama azul que iluminaba toda la sala y proyectaba su luz al exterior, a través de las paredes, y alumbraba el mar, permitiendo ver los innúmeros peces, grandes y chicos, que nadaban junto a los muros de cristal: unos, con brillantes escamas purpúreas; otros, con reflejos dorados y plateados. Por el centro de la sala fluía una ancha corriente, y en ella bailaban los moradores submarinos al son de su propio y delicioso canto; los humanos de nuestra tierra no tienen tan bellas voces. La joven sirena era la que cantaba mejor; los asistentes aplaudían, y por un momento sintió un gozo auténtico en su corazón, al percatarse de que poseía la voz más hermosa de cuantas existen en la tierra y en el mar. Pero muy pronto volvió a acordarse del mundo de lo alto; no podía olvidar al apuesto príncipe, ni su pena por no tener como él un alma inmortal. Por eso salió disimuladamente del palacio paterno y, mientras en él todo eran cantos y regocijo, se estuvo sentada en su jardincito, presa de la melancolía.
En éstas oyó los sones de un cuerno que llegaban a través del agua, y pensó:

«De seguro que en estos momentos está surcando las olas aquel ser a quien quiero más que a mi padre y a mi madre, aquél que es dueño de todos mis pensamientos y en cuya mano quisiera yo depositar la dicha de toda mi vida. Lo intentaré todo para conquistarlo y adquirir un alma inmortal. Mientras mis hermanas bailan en el palacio, iré a la mansión de la bruja marina, a quien siempre tanto temí; pero tal vez ella me aconseje y me ayude».

Y la sirenita se encaminó hacia el rugiente torbellino, tras el cual vivía la bruja. Nunca había seguido aquel camino, en el que no crecían flores ni algas; un suelo arenoso, pelado y gris, se extendía hasta la fatídica corriente, donde el agua se revolvía con un estruendo semejante al de ruedas de molino, arrastrando al fondo todo lo que se ponía a su alcance. Para llegar a la mansión de la hechicera, nuestra sirena debía atravesar aquellos siniestros remolinos; y en un largo trecho no había mas camino que un cenagal caliente y burbujeante, que la bruja llamaba su turbera. Detrás estaba su casa, en medio de un extraño bosque. Todos los árboles y arbustos eran pólipos, mitad animales, mitad plantas; parecían serpientes de cien cabezas salidas de la tierra; las ramas eran largos brazos viscosos, con dedos parecidos a flexibles gusanos, y todos se movían desde la raíz hasta la punta. Rodeaban y aprisionaban todo lo que se ponía a su alcance, sin volver ya a soltarlo. La sirenita se detuvo aterrorizada; su corazón latía de miedo y estuvo a punto de volverse; pero el pensar en el príncipe y en el alma humana le infundió nuevo valor. Atóse firmemente alrededor de la cabeza el largo cabello flotante para que los pólipos no pudiesen agarrarlo, dobló las manos sobre el pecho y se lanzó hacia delante como sólo saben hacerlo los peces, deslizándose por entre los horribles pólipos que extendían hacia ella sus flexibles brazos y manos. Vio cómo cada uno mantenía aferrado, con cien diminutos apéndices semejantes a fuertes aros de hierro, lo que había logrado sujetar. Cadáveres humanos, muertos en el mar y hundidos en su fondo, salían a modo de blancos esqueletos de aquellos demoníacos brazos. Apresaban también remos, cajas y huesos de animales terrestres; pero lo más horrible era el cadáver de una sirena, que habían capturado y estrangulado.

Llegó luego a un vasto pantano, donde se revolcaban enormes serpientes acuáticas, que exhibían sus repugnantes vientres de color blancoamarillento. En el centro del lugar se alzaba una casa, construida con huesos blanqueados de náufragos humanos; en ella moraba la bruja del mar, que a la sazón se entretenía dejando que un sapo comiese de su boca, de igual manera como los hombres dan azúcar a un lindo canario. A las gordas y horribles serpientes acuáticas las llamaba sus polluelos y las dejaba revolcarse sobre su pecho enorme y cenagoso.

- Ya sé lo que quieres -dijo la bruja-. Cometes una estupidez, pero estoy dispuesta a satisfacer tus deseos, pues te harás desgraciada, mi bella princesa. Quieres librarte de la cola de pez, y en lugar de ella tener dos piernas para andar como los humanos, para que el príncipe se enamore de ti y, con su amor, puedas obtener un alma inmortal -. Y la bruja soltó una carcajada, tan ruidosa y repelente, que los sapos y las culebras cayeron al suelo, en el que se pusieron a revolcarse. - Llegas justo a tiempo -prosiguió la bruja-, pues de haberlo hecho mañana a la hora de la salida del sol, deberías haber aguardado un año, antes de que yo pudiera ayudarte. Te prepararé un brebaje con el cual te dirigirás a tierra antes de que amanezca. Una vez allí, te sentarás en la orilla y lo tomarás, y en seguida te desaparecerá la cola, encogiéndose y transformándose en lo que los humanos llaman piernas; pero te va a doler, como si te rajasen con una cortante espada. Cuantos te vean dirán que eres la criatura humana más hermosa que han contemplado. Conservarás tu modo de andar oscilante; ninguna bailarina será capaz de balancearse como tú, pero a cada paso que des te parecerá que pisas un afilado cuchillo y que te estás desangrando. Si estás dispuesta a pasar por todo esto, te ayudaré.

- Sí -exclamó la joven sirena con voz palpitante, pensando en el príncipe y en el alma inmortal.

- Pero ten en cuenta -dijo la bruja- que una vez hayas adquirido figura humana, jamás podrás recuperar la de sirena. Jamás podrás volver por el camino del agua a tus hermanas y al palacio de tu padre; y si no conquistas el amor del príncipe, de tal manera que por ti se olvide de su padre y de su madre, se aferre a ti con alma y cuerpo y haga que el sacerdote una vuestras manos, convirtiéndoos en marido y mujer, no adquirirás un alma inmortal. La primera mañana después de su boda con otra, se partirá tu corazón y te convertirás en espuma flotante en el agua.

- ¡Acepto! -contestó la sirena, pálida como la muerte.

- Pero tienes que pagarme -prosiguió la bruja-, y el precio que te pido no es poco. Posees la más hermosa voz de cuantas hay en el fondo del mar, y con ella piensas hechizarle. Pues bien, vas a darme tu voz. Por mi precioso brebaje quiero lo mejor que posees. Yo tengo que poner mi propia sangre, para que el filtro sea cortante como espada de doble filo.

- Pero si me quitas la voz, ¿qué me queda? -preguntó la sirena.

- Tu bella figura -respondió la bruja-, tu paso cimbreante y tus expresivos ojos. Con todo esto puedes turbar el corazón de un hombre. Bien, ¿has perdido ya el valor?. Saca la lengua y la cortaré, en pago del milagroso brebaje.

- ¡Sea, pues! -dijo la sirena; y la bruja dispuso su caldero para preparar el filtro.

- La limpieza es buena cosa -dijo, fregando el caldero con las serpientes después de hacer un nudo con ellas; luego, arañándose el pecho hasta que asomó su negra sangre, echó unas gotas de ella en el recipiente. El vapor dibujaba las figuras más extraordinarias, capaces de infundir miedo al corazón más audaz. La bruja no cesaba de echar nuevos ingredientes al caldero, y cuando ya la mezcla estuvo en su punto de cocción, produjo un sonido semejante al de un cocodrilo que llora. Quedó al fin listo el brebaje, el cual tenía el aspecto de agua clarísima.


La Sirenita de wikipedia

- Ahí lo tienes -dijo la bruja, y, entregándoselo a la sirena, le cortó la lengua, con lo que ésta quedó muda, incapaz de hablar y de cantar.

- Si los pólipos te apresan cuando atravieses de nuevo mi bosque -dijo la hechicera-, arrójales una gotas de este elixir y verás cómo sus brazos y dedos caen deshechos en mil pedazos -. Pero no fue necesario acudir a aquel recurso, pues los pólipos se apartaron aterrorizados al ver el brillante brebaje que la sirena llevaba en la mano, y que relucía como si fuese una estrella. Así cruzó rápidamente el bosque, el pantano y el rugiente torbellino.

Veía el palacio de su padre; en la gran sala de baile habían apagado las antorchas; seguramente todo el mundo estaría durmiendo. Sin embargo, no se atrevió a llegar hasta él, pues era muda y quería marcharse de allí para siempre. Parecióle que el corazón le iba a reventar de pena. Entró quedamente en el jardín, cortó una flor de cada uno de los arriates de sus hermanas y, enviando al palacio mil besos con la punta de los dedos, se remontó a través de las aguas azules.

El sol no había salido aún cuando llegó al palacio del príncipe y se aventuró por la magnífica escalera de mármol. La luna brillaba con una claridad maravillosa. La sirena ingirió el ardiente y acre filtro y sintió como si una espada de doble filo le atravesara todo el cuerpo; cayó desmayada y quedó tendida en el suelo como muerta. Al salir el sol volvió en sí; el dolor era intensísimo, pero ante sí tenía al hermoso y joven príncipe, con los negros ojos clavados en ella. La sirena bajó los suyos y vio que su cola de pez había desaparecido, sustituida por dos preciosas y blanquísimas piernas, las más lindas que pueda tener una muchacha; pero estaba completamente desnuda, por lo que se envolvió en su larga y abundante cabellera. Le preguntó el príncipe quién era y cómo había llegado hasta allí, y ella le miró dulce y tristemente con sus ojos azules, pues no podía hablar. Entonces la tomó él de la mano y a condujo al interior del palacio. Como ya le había advertido la bruja, a cada paso que daba era como si anduviera sobre agudos punzones y afilados cuchillos, pero lo soportó sin una queja. De la mano del príncipe subía ligera como una burbuja de aire, y tanto él como todos los presentes se maravillaban de su andar gracioso y cimbreante.

Le dieron vestidos preciosos de seda y muselina; era la más hermosa de palacio, pero era muda, no podía hablar ni cantar. Bellas esclavas vestidas de seda y oro se adelantaron a cantar ante el hijo del Rey y sus augustos padres; una de ellas cantó mejor que todas las demás, y fue recompensada con el aplauso y una sonrisa del príncipe. Entristecióse entonces la sirena, pues sabía que ella habría cantado más melodiosamente aún.

«¡Oh! -pensó- si él supiera que por estar a su lado sacrifiqué mi voz para toda la eternidad».

A continuación las esclavas bailaron primorosas danzas, al son de una música incomparable, y entonces la sirena, alzando los hermosos y blanquísimos brazos e incorporándose sobre las puntas de los pies, se puso a bailar con un arte y una belleza jamás vistos; cada movimiento destacaba más su hermosura, y sus ojos hablaban al corazón más elocuentemente que el canto de las esclavas.
Todos quedaron maravillados, especialmente el príncipe, que la llamó su pequeña expósita; y ella siguió bailando, a pesar de que cada vez que su pie tocaba el suelo creía pisar un agudísimo cuchillo. Dijo el príncipe que quería tenerla siempre a su lado, y la autorizó a dormir delante de la puerta de su habitación, sobre almohadones de terciopelo.

Mandó que le hicieran un traje de amazona para que pudiese acompañarlo a caballo. Y así cabalgaron por los fragantes bosques, cuyas verdes ramas acariciaban sus hombros, mientras los pajarillos cantaban entre las tiernas hojas. Subió con el príncipe a las montañas más altas, y, aunque sus delicados pies sangraban y los demás lo veían, ella seguía a su señor sonriendo, hasta que pudieron contemplar las nubes a sus pies, semejantes a una bandada de aves camino de tierras extrañas.

En palacio, cuando, por la noche, todo el mundo dormía, ella salía a la escalera de mármol a bañarse los pies en el agua de mar, para aliviar su dolor; entonces pensaba en los suyos, a los que había dejado en las profundidades del océano.
Una noche se presentaron sus hermanas, cogidas del brazo, cantando tristemente, mecidas por las olas. Ella les hizo señas y, reconociéndola, las sirenas se le acercaron y le contaron la pena que les había causado su desaparición. Desde entonces la visitaron todas las noches, y una vez vio a lo lejos incluso a su anciana abuela -que llevaba muchos años sin subir a la superficie- y al rey del mar, con la corona en la cabeza. Ambos le tendieron los brazos, pero sin atreverse a acercarse a tierra como las hermanas.

Cada día aumentaba el afecto que por ella sentía el príncipe, quien la quería como se puede querer a una niña buena y cariñosa; pero nunca le había pasado por la mente la idea de hacerla reina; y, sin embargo, necesitaba llegar a ser su esposa, pues de otro modo no recibiría un alma inmortal, y la misma mañana de la boda del príncipe se convertiría en espuma del mar.

- ¿No me amas por encima de todos los demás? -parecían decir los ojos de la pequeña sirena, cuando él la cogía en sus brazos y le besaba la hermosa frente.

- Sí, te quiero más que a todos -respondía él-, porque eres la que tiene mejor corazón, la más adicta a mí, y porque te pareces a una muchacha a quien vi una vez, pero que jamás volveré a ver. Navegaba yo en un barco que naufragó, y las olas me arrojaron a la orilla cerca de un santuario, en el que varias doncellas cuidaban del culto. La más joven me encontró y me salvó la vida, yo la vi solamente dos veces; era la única a quien yo podría amar en este mundo, pero tú te le pareces, tú casi destierras su imagen de mi alma; ella está consagrada al templo, y por eso mi buena suerte te ha enviado a ti. Jamás nos separaremos.

«¡Ay, no sabe que le salvé la vida -pensó la sirena-. Lo llevé sobre el mar hasta el bosque donde se levanta el templo, y, disimulada por la espuma, estuve espiando si llegaban seres humanos. Vi a la linda muchacha, a quien él quiere más que a mí». Y exhaló un profundo suspiro, pues llorar no podía.«La doncella pertenece al templo, ha dicho, y nunca saldrá al mundo; no volverán a encontrarse pues, mientras que yo estoy a su lado, lo veo todos los días. Lo cuidaré, lo querré, le sacrificaré mi vida».
[La Sirenita y el Príncipe en una ilustración de Edmund Dulac.wikipedia[26].jpg]

Sin embargo, el príncipe debía casarse, y, según rumores, le estaba destinada por esposa la hermosa bija del rey del país vecino. A este fin, armaron un barco magnífico. Se decía que el príncipe iba a partir para visitar las tierras de aquel país; pero en realidad era para conocer a la princesa su hija, y por eso debía acompañarlo un numeroso séquito. La sirenita meneaba, sonriendo, la cabeza; conocía mejor que nadie los pensamientos de su señor.

- ¡Debo partir! -le había dicho él-. Debo ver a la bella princesa, mis padres lo exigen, pero no me obligarán a tomarla por novia. No puedo amarla, pues no se parece a la hermosa doncella del templo que es como tú. Si un día debiera elegir yo novia, ésta serías tú, mi muda expósita de elocuente mirada -. La besó los rojos labios, y, jugando con su larga cabellera, apoyó la cabeza sobre su corazón, que soñaba en la felicidad humana y en el alma inmortal.

- ¿No te da miedo el mar, mi pequeñina muda? -le dijo cuando ya se hallaban a bordo del navío que debía conducirlos al vecino reino. Y le habló de la tempestad y de la calma, de los extraños peces que pueblan los fondos marinos y de lo que ven en ellos los buzos; y ella sonreía escuchándolo, pues estaba mucho mejor enterada que otro cualquiera de lo que hay en el fondo del mar.

Una noche de clara luna, cuando todos dormían, excepto el timonel, que permanecía en su puesto, sentóse ella en la borda y clavó la mirada en el fondo de las aguas límpidas. Le pareció que distinguía el palacio de su padre. Arriba estaba su anciana abuela con la corona de plata en la cabeza, mirando a su vez la quilla del barco a través de la rápida corriente. Las hermanas subieron a la superficie y se quedaron también mirándola tristemente, agitando las blancas manos. Ella les hacia señas sonriente, y quería explicarles que estaba bien, que era feliz, pero se acercó el grumete, y las sirenas se sumergieron, por lo que él creyó que aquella cosa blanca que había visto no era sino espuma del mar.

A la mañana siguiente el barco entró en el puerto de la capital del país vecino. Repicaban todas las campanas, y desde las altas torres llegaba el son de las trompetas, mientras las tropas aparecían formadas con banderas ondeantes y refulgentes bayonetas. Los festejos se sucedían sin interrupción, con bailes y reuniones; mas la princesa no había llegado aún. Según se decía, la habían educado en un lejano templo, donde había aprendido todas las virtudes propias de su condición. Al fin llegó a la ciudad.
La sirenita estaba impaciente por ver su hermosura, y hubo de confesarse que nunca había visto un ser tan perfecto. Tenía la piel tersa y purísima, y detrás de las largas y oscuras pestañas sonreían unos ojos azuloscuro, de dulce expresión.

- Eres tú -dijo el príncipe- la que me salvó cuando yo yacía como un cadáver en la costa -. Y estrechó en sus brazos a su ruborosa prometida. - ¡Ah, qué feliz soy! -añadió dirigiéndose a la sirena-. Se ha cumplido el mayor de mis deseos. Tú te alegrarás de mi dicha, pues me quieres más que todos.

La sirena le besó la mano y sintió como si le estallara el corazón. El día de la boda significaría su muerte y su transformación en espuma.

Fueron echadas al vuelo las campanas de las iglesias; los heraldos recorrieron las calles pregonando la fausta nueva. En todos los altares ardía aceite perfumado en lámparas de plata. Los sacerdotes agitaban los incensarios, y los novios, dándose la mano, recibieron la bendición del obispo. La sirenita, vestida de seda y oro, sostenía la cola de la desposada; pero sus oídos no percibían la música solemne, ni sus ojos seguían el santo rito. Pensaba solamente en su próxima muerte y en todo lo que había perdido en este mundo.

Aquella misma tarde los novios se trasladaron a bordo entre el tronar de los cañones y el ondear de las banderas. En el centro del buque habían erigido una soberbia tienda de oro y púrpura, provista de bellísimos almohadones; en ella dormiría la feliz pareja durante la noche fresca y tranquila.

El viento hinchó las velas, y la nave se deslizó, rauda y suave, por el mar inmenso.
Al oscurecer encendieron lámparas y los marineros bailaron alegres danzas en cubierta. La sirenita recordó su primera salida del mar, en la que había presenciado aquella misma magnificencia y alegría, y entrando en la danza, voló como vuela la golondrina perseguida, y todos los circunstantes expresaron su admiración; nunca había bailado tan exquisitamente. Parecía como si acerados cuchillos le traspasaran los delicados pies, pero ella no los sentía; más acerbo era el dolor que le hendía el corazón. Sabía que era la última noche que veía a aquel por quien había abandonado familia y patria, sacrificado su hermosa voz y sufrido día tras día tormentos sin fin, sin que él tuviera la más leve sospecha de su sacrificio. Era la última noche que respiraba el mismo aire que él, y que veía el mar profundo y el cielo cuajado de estrellas. La esperaba una noche eterna sin pensamientos ni sueños, pues no tenía alma ni la tendría jamás. Todo fue regocijo y contento a bordo hasta mucho después de media noche, y ella río y bailó con el corazón lleno de pensamientos de muerte. El príncipe besó a su hermosa novia, y ella acarició el negro cabello de su marido y, cogidos del brazo, se retiraron los dos a descansar en la preciosa tienda.

Se hizo la calma y el silencio en el barco; sólo el timonel seguía en su puesto. La sirenita, apoyados los blancos brazos en la borda, mantenía la mirada fija en Oriente, en espera de la aurora; sabía que el primer rayo de sol la mataría. Entonces vio a sus hermanas que emergían de las aguas, pálidas como ella; sus largas y hermosas cabelleras no flotaban ya al viento; se las habían cortado.

[Las hermanas de La Sirenita(Wiki)[15].jpg]
Las hermanas de La Sirenita de Anne Anderson (1874-1930)

- Las hemos dado a la bruja a cambio de que nos deje acudir en tu auxilio, para que no mueras esta noche. Nos dio un cuchillo, ahí lo tienes. ¡Mira qué afilado es! Antes de que salga el sol debes clavarlo en el corazón del príncipe, y cuando su sangre caliente salpique tus pies, volverá a crecerte la cola de pez y serás de nuevo una sirena, podrás saltar al mar y vivir tus trescientos años antes de convertirte en salada y muerta espuma. ¡Apresúrate! Él o tú debéis morir antes de que salga el sol. Nuestra anciana abuela está tan triste, que se le ha caído la blanca cabellera, del mismo modo que nosotras hemos perdido la nuestra bajo las tijeras de la bruja. ¡Mata al príncipe y vuelve con nosotras! Date prisa, ¿no ves aquellas fajas rojas en el cielo? Dentro de breves minutos aparecerá el sol y morirás-. Y, con un hondo suspiro, se hundieron en las olas.

La sirenita descorrió el tapiz púrpura que cerraba la tienda y vio a la bella desposada dormida con la cabeza reclinada sobre el pecho del príncipe. Se inclinó, besó la hermosa frente de su amado, miró al cielo donde lucía cada vez más intensamente la aurora, miró luego el afilado cuchillo y volvió a fijar los ojos en su príncipe, que en sueños, pronunciaba el nombre de su esposa; sólo ella ocupaba su pensamiento. La sirena levantó el cuchillo con mano temblorosa, y lo arrojó a las olas con un gesto violento. En el punto donde fue a caer pareció como si gotas de sangre brotaran del agua. Nuevamente miró a su amado con desmayados ojos y, arrojándose al mar, sintió cómo su cuerpo se disolvía en espuma.

Asomó el sol en el horizonte; sus rayos se proyectaron suaves y tibios sobre aquella espuma fría, y la sirenita se sintió libre de la muerte; veía el sol reluciente, y por encima de ella flotaban centenares de transparentes seres bellísimos; a su través podía divisar las blancas velas del barco y las rojas nubes que surcaban el firmamento. El lenguaje de aquellos seres era melodioso, y tan espiritual, que ningún oído humano podía oírlo, ni ningún humano ojo ver a quienes lo hablaban; sin moverse se sostenían en el aire, gracias a su ligereza. La pequeña sirena vio que, como ellos, tenía un cuerpo, que se elevaba gradualmente del seno de la espuma.

- ¿Adónde voy? - preguntó; y su voz resonó como la de aquellas criaturas, tan melodiosa, que ninguna música terrena habría podido reproducirla.

- A reunirte con las hijas del aire -respondieron las otras. - La sirena no tiene un alma inmortal, ni puede adquirirla si no es por mediación del amor de un hombre;su eterno destino depende de un poder ajeno. Tampoco tienen alma inmortal las hijas del aire, pero pueden ganarse una con sus buenas obras. Nosotras volamos hacia las tierras cálidas, donde el aire bochornoso y pestífero mata a los seres humanos; nosotras les procurarnos frescor. Esparcimos el aroma de las flores y enviamos alivio y curación. Cuando hemos laborado por espacio de trescientos años, esforzándonos por hacer todo el bien posible, nos es concedida un alma inmortal y entramos a participar de la felicidad eterna que ha sido concedida a los humanos. Tú, pobrecilla sirena, te has esforzado con todo tu corazón, como nosotras; has sufrido, y sufrido con paciencia, y te has elevado al mundo de los espíritus del aire: ahora puedes procurarte un alma inmortal, a fuerza de buenas obras, durante trescientos años.

La sirenita levantó hacia el sol sus brazos transfigurados,y por primera vez sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos.A bordo del buque reinaba nuevamente el bullicio de la vida;la sirena vio al príncipe y a su bella esposa que la buscaban,escudriñando con melancólica mirada la burbujeante espuma,como si supieran que se había arrojado a las olas,Invisible,besó a la novia en la frente y,enviando una sonrisa al príncipe,elevóse con los demás espíritus del aire a las regiones etéreas,entre las rosadas nubes,que surcaban el cielo.

-Dentro de trescientos años nos remontaremos de este modo al reino de Dios.

-Podemos llegar a él antes-susurró una de sus compañeras-.Entramos volando,invisibles,en las moradas de los humanos donde hay niños,y por cada día que encontramos a uno bueno,que sea la alegría de sus padres y merecedor de su cariño,Dios abrevia nuestro periodo de prueba.El niño ignora cuándo entramos en su cuarto,y si nos causa gozo y nos hace sonreír,nos es descontado un año de los trescientos;pero si damos con un chiquillo malo y travieso,tenemos que verter lágrimas de tristeza,y por cada lágrima se nos aumenta en un día el tiempo de prueba.
FIN



La Sirenita de wikip1
La Sirenita de Vilhelm Pedersen(1820-1859).

FICHA DEL CUENTO”LA SIRENITA”
Autor
Hans Christian Andersen


Género
Cuento


Subgénero
Cuento de hadas, Literatura infantil


Título original
Den lille havfrue


País
Bandera de Dinamarca Dinamarca


La sirenita (en danés Den lille havfrue) es un cuento de hadas escrito por el escritor y poeta danés Hans Christian Andersen (1805-1875), famoso por sus cuentos para niños. Fue publicado por primera vez el 7 de abril de 1837.

Contenido

-Trama

La sirenita ha cumplido la edad necesaria para que se le permita ascender hasta la superficie.

En su primera incursión salva a un príncipe de ahogarse en el mar, y queda irremediablemente enamorada de él.
Pero aunque realiza muchos sacrificios, entre ellos aceptar el pacto con una bruja de quedarse sin voz a cambio de un cuerpo humano, el príncipe finalmente se enamora de otra mujer. La sirenita tuvo entonces ocasión de volver a su vida bajo el mar, pero como para ello debía lastimar al príncipe, prefirió sacrificarse por él. Cuando piensa que ha llegado su fin, unas hadas acuden junto a ella y la llevan a vivir al cielo.

-Publicación

El cuento de La sirenita fue escrito en 1836, y publicado por primera vez por C.A. Reitzel enCopenague el 7 de abril de 1837 en la colección Cuentos de hadas contados para niños. Tercer volumen. 1837 ( Eventyr, fortalte for Børn. Første Samling. Tredie Hefte. 1837.). Fue reeditado el 18 de diciembre de 1849 la colección Cuentos de hadas (Eventyr. 1850), y de nuevo el 15 de diciembre de 1862 en Cuentos e historias de hadas. Primer volumen. 1862 (Eventyr og Historier. Første Bind. 1862.).
Los Cuentos de Andersen han sido llevados a muchas adaptaciones teatrales, dibujos animados, musicales, ballets y hoy día incluso a libros de audio.Un ejemplo en nuestra cultura occidental es la adaptación a Disney de La Sirenita.Éste es el motivo por el cual se conoce este cuento,aunque con un final romántico feliz y se desconoce la verdadera versión original.
Adaptación de Disney
El 17 de noviembre de 1989, Walt Disney Pictures estrenó la primera película de animación de La Sirenita (The Little Mermaid) basada en el cuento de Andersen. Sin embargo, existen algunas diferencias entre el texto original y la producción de Disney, entre las que se pueden destacar:
  1. Andersen no le puso nombre propio a La sirenita (en la película se llama Ariel).
  2. La bruja original tiene un papel muy secundario, y no es un personaje maligno, sino en cierto modo neutral.
  3. En el cuento, el príncipe está enamorado de otra princesa desde el principio.
  4. Los finales son completamente distintos. En el cuento, La sirenita no consigue el amor del príncipe ella se convierte en una hija del aire, mientras que en la película el amor entre ellos acaba triunfando frente a las adversidades. Se tuvo que adaptar este "final feliz" debido a que la película es dedicada a niños.

Ariel,la Sirenita de Disney

La Princesa Ariel es un personaje ficticio y el personaje protagonista de la película de animación de 1989, La Sirenita, propiedad de Walt Disney.
ImageShack.us

Posteriormente hace su aparición en la serie de televisión basada en de la película "La Sirenita" de 1989, su secuela La sirenita 2: regreso al mar y su precuela La Sirenita 3. La voz de Ariel en todas las películas es interpretada por la actriz Jodi Benson,solamente en la versión inglesa.
El personaje está basado en la protagonista del cuento de Hans Christian Andersen, "La Sirenita", pero se le otorgó una personalidad diferente para que fuera posible su adaptación en la película animada de 1989. Su apariencia física es el de una sirena y se caracteriza por tener una larga cabellera roja, ojos azules, una cola verde y además, posee en la zona del pecho un bikini de conchas color púrpura.
Ariel es uno de los numerosos personajes de Disney que se pueden encontrar en los parques de Walt Disney Parks and Resorts.

La Sirenita de Copenhague

la-sirenita

(En idioma danés''Den Lille Habré'', 'La pequeña señora del mar')es una escultura de una sirena,que se encuentra en la ciudad de Copenhague. Se encuentra en el Parque Langelinie, en la Bahía del Puerto de Copenhague, que desemboca al Mar Báltico y próxima también al Real Palacio de Amalienborg, sobre unas rocas que se adentran en el mar. En la actualidad es el símbolo más prominente de la ciudad. Su fama es internacional y es visitada a diario por gran cantidad de turistas. København1500

Historia

La escultura fue instalada de forma permanente en Langelinie, el 23 de agosto de 1913. *El escultor que la talló fue Edvard Eriksen,que se inspiró en el cuento de hadas escrito en 1837 por Hans Christian Andersen,llamado La Sirenita. *Encargada por el empresario cervecero Carl Jacobsen y donada a la ciudad de Copenhague.

Características técnicas

*Material: Bronce fundido. *Altura: 1,25 metros. *Peso: 175 kilogramos.

Curiosidades

La sirenita ha sido víctima de diversos ataques vandálicos, llegándose a destruir con explosivos, a ser mutilada y manchada con pintura. Eriksen quiso que su modelo para la escultura fuera la bailarina danesa Ellen Price, gran estrella del Ballet Real, pero ante su negativa a posar desnuda tuvo que utilizar a su esposa como modelo.

Simbología

La leyenda danesa cuenta que los cantos de las sirenas embrujaban a los hombres del mar. En su capital Copenhague, un humilde pescador fue sucumbido por los cantos de una joven sirena mientras faenaba, entonces la Sirenita renunció a su inmortalidad a cambio de poseer el aspecto de una mujer. De esta forma, conseguiría mantener el amor de su príncipe.



ANDERSEN Y SU CULTURA.
andersen de wikipedia
“En el estudio de la literatura como disciplina expresiva, una de las preocupaciones fundamentales se centra en el análisis de los procesos prácticos a través de los cuales los impulsos vitales de los individuos se encarnan en la expresión oral, hábitat natural del lenguaje. Este proceso está íntimamente ligado a una herencia que se ha transmitido a través de una comunidad, de una cultura. El desafío del arte en general y, por supuesto, también el de la literatura, consiste en trascender el individuo y alcanzar la imaginación de la comunidad. En el proceso tan personal a través del cual los impulsos del individuo se amplían y adquieren forma por medio del cauce de la expresión lingüística, no se puede eludir el hecho de que existe un proceso cultural de mimesis que permite encontrar formas de representación que la comunidad adopta como parte de su estética. Por medio del conocimiento de los procesos creativos y de los símbolos heredados, el alumno inicia un proceso de absorción de su cultura que le permitirá la expresión personal de su propia experiencia creativa”.
Ginés M. Salido Ruiz.Senderos de lecturas (juegos y cartas

1. DINAMARCA: CONTEXTO EN EL QUE SE DESARROLLA LA VIDA DEL AUTOR.
ARTE Y CULTURA
El gusto exquisito que ofrece Dinamarca se hace presente en el Ballet Real Danés, cuyas actuaciones en el Teatro Real de Copenhague, entre otoño y primavera son consideradas como las más exquisitas del norte europeo.
De los escritores daneses el más conocido dentro y fuera de sus fronteras es sin duda Hans Christian Andersen, cuyos cuentos de hadas han sido traducidos a innumerables lenguas. Creador de un maravilloso mundo de fantasías, es considerado un de los principales autores de cuentos infantiles del mundo. Nació en 1805 en la ciudad de Odense, era hijo de un zapatero y dejó muy joven su ciudad natal para irse a Copenhague con la esperanza de triunfar en el mundo del teatro. Sin embargo, la fama no le llegaría con este genero sino con la literatura, y más concretamente con la destinada al público infantil.
Contemporáneo de Andersen fue Sören Kirkegaard, teólogo y filósofo que vivía torturado por el irremediable sentimiento de contraste entre la verdad y la belleza, la religiosidad mística y la alegría de vivir. Kierkegaard fue en vida poco considerado, pero posteriormente y con la paulatina traducción de su obra, lo más destacado "El Diario de un Seductor" y "El Concepto de la Angustia", ha sido calificado como uno de los precursores del existencialismo.
De fama internacional son también Kaj Munck, dramaturgo antinazi que pagó con su muerte prematura la coherencia existente entre su pensamiento y su obra; y la escritora Karen Blixen, cuyas obras han sido difundidas sobre todo a raíz de la película "Memorias de Africa", basada en un libro suyo.
La cinematografía danesa era conocida sobre todo a principios de siglo y Dinamarca creó entre 1910 y 1920 lo que podría considerarse como la primera vampiresa cinematográfica. Se llamaba Asta Nielsen, hija del cine mudo. Dinamarca destaca, principalmente, en el séptimo arte por la labor de sus directores.
Uno de los primeros fue Theodor Dreyer, autor de obras consideradas hoy clásicas. Cultivaba la temática nórdica centrada en la lucha entre el bien y el mal, ajeno siempre a cuestiones comerciales. Dreyer dejó para la posteridad títulos como "La Pasión de Juana de Arco" o "Vampir y Ordet" (La Palabra).



DATOS HISTÓRICOS
Siglos XVII y XVIII
En cuanto a la historia que nos ocupa puede decirse que Dinamarca era en el más poderoso de los Estados nórdicos, si bien perdió su preponderancia en el siglo XVII. La gran época de reformas y modernización del país comenzaría en 1660, cuando Frederik III llevó a cabo un golpe de estado que privó a la nobleza de sus privilegios. El nuevo gobierno modernizó la administración y fortaleció la defensa. Fue una época de paz en la que Dinamarca se mantuvo neutral en todos los conflictos internacionales. Floreció el comercio, la economía y el gobierno inició una serie de reformas sociales que poco a poco tendrían un marcado carácter político. La población danesa gozaba entonces de estabilidad y hasta los campesinos poseían derechos civiles. La escolaridad se hizo obligatoria para todos los niños y se acabó con el analfabetismo.
El siglo XVIII estuvo muy marcado por la influencia alemana, la revolución francesa y las guerras europeas con Napoleón al frente minaron las reformas empezadas. Dinamarca fue ferozmente atacada por Inglaterra temerosa de una alianza entre daneses y franceses. Tuvo lugar una época sombría que se refleja claramente en los intelectuales de la época, entre ellos el escritor Hans Christian Andersen y el filósofo Soren Kieerkegaard.



CLIMA
Al igual que sus vecinos del norte,Dinamarca se beneficia en parte de la corriente del Golfo que recorre el Atlántico, desde el Caribe, con agua caliente. Esto influye en el clima que suele variar mucho según las estaciones. Los meses de abril y mayo son suaves. De junio a agosto hace más calor y el sol no se pone hasta las 21:00 h. En otoño predominan los vientos y la lluvia y el invierno trae consigo las heladas y la nieve. La temperatura media en Copenhague es de 0 grados centígrados en enero, 13 grados en mayo, 20 en agosto y 6 en noviembre.
¿No creéis que este ambiente se presta a la depresión y al recogimiento? El frío retrae, cala tan hondo en las personas que terribles son sus secuelas. Andersen deja entrever este cierto malestar cubriendo su obra de una impalpable neblina de desesperación.


2. INTRODUCCIÓN GENERAL. EVOLUCIÓN POR GÉNEROS

Sólo a partir del siglo XVIII puede hablarse propiamente del nacimiento de una literatura para niños, ya que, fue entonces cuando la infancia empezó a ser considerada como un estadío diferenciado de la vida adulta. Se trata de un proceso similar que al que se ha producido en las sociedades post-industriales actuales al desarrollarse la visión de la adolescencia como una etapa vital con características especiales. La idea de una infancia con intereses y necesidades formativas propias llevó en el siglo XVIII a la creación de libros especialmente dirigidos a esta edad. Esos libros infantiles se entendieron como un instrumentos educativo, pero el enorme consumo infantil de colecciones populares de noveles, leyendas y cuentos para todos los públicos hizo que empezaran a editarse libros pensados directamente para su ocio y entretenimiento aunque la función moral mantuviera en ellos un papel esencial. Fue un revendedor de libros inglés John Newberry quién en 1744 abrió la primera librería infantil en Londres y empezó a escribir y a editar él mismo breves historias divertidas, ilustradas y baratas. La constitución de la infancia como público lector forma parte de la gran extensión de la alfabetización que se produjo en la sociedad la sociedad occidental durante el siglo XIX.
Mujeres, obreros y niños fueron tres segmentos sociales que se incorporaron masivamente a la posibilidad de lectura y que con sus demandas hicieron variar la edicción en general y la literatura en particular.
La novela, un género literario despreciado por la élite triunfó clamorosamente. Las grandes tiradas de novelas baratas y la publicación por entrega en las nuevas revistas fueron a la vez causa y consecuencia de la creación del nuevo tipo de público de grandes masas lectoras. Si en los inicios del siglo las novelas rara vez superaban los 1.000 o 1.500 volúmenes de tirada, hacia 1870 noveles de Julio Verne alcanzaron los 30.000 ejemplares. En la segunda mitad del siglo fue ampliándose progresivamente la obligatoriedad de la escolaridad, ello llevó a la necesidad de libros de texto, de revistas y de lecturas para los niños. La escuela ha sido siempre el principal “cliente” de la edición infantil o al menos es cliente al que hay que satisfacer en sus criterios pedagógicos, puesto que otros ejercen una gran influencia en la compra de libros por parte de los padres. La adopción de determinados títulos como libro de lectura habitual explica por ejemplo el éxito de ventas de algunos títulos concretos a lo largo de la historia del libro infantil como el de las fábulas de LA FONTAINE en Francia, libro mas vendido durante toda la primera mitad del siglo XIX con 240 ediciones. A lo largo del siglo XIX fueron surgiendo distintos tipos de géneros entre los libros infantiles a medida que su lectura y sus traducciones se extendían (en muchos casos con décadas de retraso en España) algunas obras demostraron su capacidad de conexión con la infancia y adolescencia y han quedado consagradas por la literatura infantil y juvenil como los clásicos de este tipo de literatura.
El enorme desarrollo en la producción de libros infantiles y los cambios sociales emergentes durante la segunda mitad del siglo XIX caracterizan un nuevo periodo que prepara la ruptura generalizada que ha supuesto la década de los 70 respecto de los rasgos anteriores.
A continuación distintos tipos de género que han configurado las bases de la literatura para niños y adolescentes.



ANDERSEN (danés),nació en Udende en el año 1.805, su padre era muy joven, zapatero y su madre una mujer sencilla, gran parte de las escenas patéticas de los cuentos tienen una inspiración directa en la realidad como recuerdo de su padre, que murió muy pronto. El niño menciona las lecturas que su padre le hacía. Le leía la Biblia, Las Mil y Una Noches, etc., La madre pasaba la mayor parte del tiempo fuera de casa. Tuvo una infancia triste jugaba con el teatro que le había construido su padre; cose la ropa de sus muñecos y se entretiene leyendo poesía dramática. Pronto descubre el teatro de Shakespeare por el que siente gran veneración. Vive para su teatro de títeres y desea ser actor. Canta, recita y quiere participar en las obras dramáticas. Su gran ilusión es hacer de príncipe en la Cenicienta. El joven Andersen puede viajar y aprender gracias a la ayuda de algunos mecenas.
Empezó escribiendo cuentos que los críticos calificaban como puerilidades (cosas de niños). Narra los relatos populares que escuchó en el corro de las hilanderas y en la recolección del lúpulo (planta), como por ejemplo: “El cuento de la princesa y el guisante”. Estos cuentos folklóricos en su hermosa simplicidad, en su rústica sencillez son poetizados por Andersen, con el tiempo del juicio adverso de los críticos severos, los cuentos de Andersen se hacen famosísimos. En ellos resalta la belleza de la naturaleza, es muy sensible a la hermosura de la praderas y de los bosques donde nacen los castaños, hayas...
Los árboles floridos le parecen el milagro de la primavera, destaca el encanto de los profundos lagos ornados de lirios. Sufrió una gran influencia del sabio Danés Orsted autor de la obra “El Espíritu de la Naturaleza”, obra filosófica que puede ser la base de sus cuentos, por eso Andersen manifiesta en muchas ocasiones que la realidad es el mas bello de los cuentos, a veces resulta patético, como en la historia “No servía para nada” donde refiere la vida de la lavandera enferma que muere y denuncia la falta de fraternidad. Relataba también los sufrimientos de seres humildes y pobres.
El lector enamorado de sus cuentos no podrá olvidar esos momentos tan maravillosos que dejan hechizados a los lectores por su magia.




2. 1. FUNCIONES DE LA LITERATURA INFANTIL
El concepto de literatura infantil es tardío. La existencia de una literatura específicamente destinada al público infantil y adolescente es un fenómeno propio del mundo moderno, surge a finales del s. XVIII y se haya aún en fase de expansión en la época actual, es en las últimas décadas de nuestro siglo cuando se han creado los libros para bebés y la novela. La reflexión que vale la pena llevar a cabo ante el fenómeno cultural de la literatura infantil y juvenil es pensar para qué sirve la respuesta no ha sido la misma a lo largo de su historia, o al menos no con el mismo acento en uno u otro de sus objetivos, ello ha condicionado y condiciona también en la actualidad. La actitud de los adultos que se encargan de producir este tipo de libro y de ofrecerlos a los niños y adolescentes, se puede dividir en 3 las funciones que cumple la literatura infantil y juvenil:
Iniciar el acceso a la representación de la realidad ofrecida a través de la literatura y compartida por una sociedad determinada.
Desarrollar el aprendizaje de las formas narrativas, poéticas y dramáticas.
Ofrecer una representación articulada del mundo que sirve como instrumento de socialización de las nuevas generaciones.
Iniciar el acceso a la representación de la realidad ofrecida a través de la literatura y compartida por una sociedad determinada.
Desarrollar el aprendizaje de las formas narrativas, poéticas y dramáticas.
Ofrecer una representación articulada del mundo que sirve como instrumento de socialización de las nuevas generaciones.



3. REFERENCIAS BIOGRÁFICAS :
Hans Christian Andersen nace el 2 de abril de 1805 en Odensee. Tras la muerte de su padre en 1816, y las nuevas nupcias de su madre en 1819, se marcha solo y casi sin recursos a probar suerte en Copenhague. Al principio su aventura fracasa pero, en 1822, gracias al interés del director de teatro Jonas Collin, obtiene una beca que le permite seguir sus estudios de forma regular. Superado el bachiller, a partir de 1830 comienza a publicar sus primeros relatos. Su joven reputación y la ayuda de Jonas Collin le proporcionan una beca de viaje. Entre 1833 y 1834 visita Francia e Italia. En 1835, ya en su país, Andersen publica el primer fascículo de los Cuentos contados a los niños . Esta colección obtiene un gran éxito y va a ser continuada casi cada año (con obras como La sirenita, La pequeña vendedora de fósforos, Pulgarcita, El Patito Feo, La Reina de las Nieves. Una vez alcanzado el éxito, Andersen va a repartir su tiempo entre los viajes y las estancias en casa de amigos influyentes. Andersen también escribe relatos de viajes (Reflejo de un viaje a Harz, 1831), piezas de teatro (El amor en la Torre de San Nicolás), poemas (Fantasías y esbozos, 1831) y novelas (El improvisador, 1835 ; Las dos baronesas, 1848).



Andersen y los cuentos :
De entre todos los géneros a los que Andersen dedica su actividad literaria, son los cuentos los que le proporcionan el reconocimiento mundial. Andersen se inspira en los relatos populares. Escribe 164 cuentos para los que toma prestados personajes y argumentos del mundo de la leyenda, de la Historia o de la vida. Los cuatro primeros son publicados en 1835. Aunque estos cuentos están destinados a los niños, también resultan atractivos a los adultos por su imaginación poética y, sobre todo, por el sentido moral y filosófico que se esconde detrás de cada anécdota.
"Había una vez un niño flaco y largo, casi un garabato de niño, que no tenía con quién jugar sino con unos bamboleantes muñecos de palo. Su padre era el más pobre de los zapateros remendones, su mamá no sabía leer; los tres vivían en un solo cuarto que era, a la vez, taller y sala, dormitorio y cocina. Pero si aquel niño –fíjense en esto–, hubiese podido escuchar estas quejas sobre su hogar estrechísimo, nos habría advertido con una voz firme y resuelta: «Pero de las paredes colgaban cuadros, sobre la cómoda había hermosas tazas y estatuillas de vidrio... Pero la pequeña habitación me parecía grande y rica.» Pues aquel niño era capaz de ver –¡con qué mirada penetrante y pura!– la extraña belleza que se oculta en todas las cosas, aun en las más menudas, en las más desdeñables."


4. SU OBRA. TEMAS PREFERIDOS Y ENFOQUE. DIFERENCIAS ENTRE ANDERSEN, LOS HERMANOS PERRAULT.
Recogieron y transcribieron relatos populares que circulaban de forma oral.
Pero estos cuentos fueron inevitablemente modificados : Perrault racionaliza las inocentes creaciones de la fantasía popular y actualiza sus moralejas, mientras que los hermanos Grimm dotan a sus narraciones de un sello literario muy particular : las estilizan e interpretan.
En lo que se refiere a Andersen, éste se limita a tomar prestadas ideas de los cuentos populares que le proporcionan un punto de partida para poner su imaginación en marcha.
La segunda diferencia es que Perrault y los hermanos Grimm buscan transmitir un mensaje. Para ellos el cuento tiene como finalidad la de moralizar. De hecho, los relatos de Perrault terminan con una o dos "moralejas". Además, a menudo modifican el texto inicial jungándolo cruel e inmoral. Sin embargo, Andersen no busca en ningún momento ser moralizante. Aunque sus cuentos porten un mensaje, éste es impreciso y velado.
Esto puede deberse a que en Andersen no encontramos la oposición bien/mal, que sí está presente en todos los cuentos de Perrault y Grimm.
Andersen no incluye en sus obras personajes malos, ya que para él no hay auténticos malos sino que hay "buenos" y "menos buenos". Al contrario de lo que ocurre en las obras de Grimm y de Perrault, en las que los malos son realmente malos y terminan siendo castigados (Barba Azul y la bruja de Blancanieves mueren), los "menos buenos" de Andersen son sencillamente olvidados.



TEMAS RECURRENTES EN LOS CUENTOS DE ANDERSEN

- La religión Los cuentos de Andersen están marcados por la religión aunque el autor mismo no fue demasiado devoto hasta el final de su vida. La importancia que le confiere se debe seguramente al hecho de que en la época en que Andersen escribe la religión y la literatura eran dos temas dominantes en la sociedad danesa.
En casi todos sus cuentos, encontramos al menos una referencia a la religión : aparecen citas de oraciones, la misa, la confirmación, pasajes de la Biblia, el Paraíso, los ángeles, la muerte y, por supuesto, Dios.
- Dios La figura de Dios aparece citada en muchos de sus cuentos. Andersen le representa como el Todopoderoso, contra cuya voluntad el hombre no puede luchar. Dios toma decisiones por los personajes, les guía, y ellos confían totalmente en Él. En cuentos como : Ce que racontait la vieille Jeanne (1872) o en El compañero de viaje(1835), la voluntad de Dios siempre es favorable a los hombres. Andersen nos presenta a personajes que, en un momento de cólera o de enorme tristeza, dan la espalda a Dios pues no comprenden por qué Él les hace pasar semejante prueba, pero que pronto se dan cuenta de que Él tenía razón. En El niño en la tumba (1859) una madre que acaba de perder a su hijo sigue confiando en la voluntad de Dios .
- La Muerte Está presente en la mayor parte de los cuentos. Sin embargo, Andersen no presenta la muerte como un hecho negativo ni un estado nefasto, sino que la describe como la prolongación de la vida , el que muere realiza el tránsito a la vida eterna. Así, la protagonista de La Pequeña Ondine (1835) quiere ser humana para poder tener un alma eterna.La muerte aparece a menudo entendida como un alivio,como una liberación:así ocurre en La pequeña vendedora de fósforos(1845),Bajo el sauce(1853)o en Anne-Lisbeth(1859).Andersen describe fisicamente la figura de la muerte,hace de ella un personaje más al que no identifica con rasgos malvados.
En la historia de una madre(1848):la muerte aparece con los rasgos de una pobre vieja que se limita a obedecer a Dios de quien sólo es una emisaria.Sin embargo,nunca representa fisicamente la figura de Dios,éste aparece como alguien muy vivo pero invisible.
Andersen intenta desmitificar la muerte, no la muestra como algo dramático sino como la continuación lógica y normal de la vida terrenal : a la luz de Dios no es horrorosa. Quizás al mencionarla, y al plasmarla en tinta sobre papel, intenta Andersen domesticarla y convencerse a sí mismo.
La Sirenita.wikipedia
La Sirenita,ilustración de Vilhelm Pedersen(28 de enero 1920-13 febrero 1859)

- Confrontación entre la razón y el sentimiento
En la obra de Andersen, muchos personajes se ven obligados a elegir entre la razón y el sentimiento. Pero el autor no se decanta por ninguno de los dos : en algunos cuentos el personaje elegirá obrar según la razón y en otros según los sentimientos.
No servía para nada (1853) : la protagonista renuncia al amor de su vida y a la felicidad siguiendo el dictado de la razón, por respeto al decoro. Andersen muestra cómo las pretensiones y los prejuicios humanos pueden acabar con los idilios. Es la historia de una vida malgastada.
En La Reina de las Nieves (1844), los sentimientos son más fuertes que la razón, y son ellos los que guían a la protagonista para liberar a su amigo. Gerda nunca renuncia a su amor por Kay aunque en algunos momentos parezca olvidarle un poco y a pesar del desaliento de los otros personajes. Pero, mientras que los demás se contentan con creer en su desaparición, es Gerda quien persevera y, guiada por su amor, su bondad y su valentía, consigue liberar a su amigo Kay.
Este mismo tema podemos encontrarlo en La Pequeña Ondine : su razón no quiere cambiar, pero lo que ella desea por encima de todo es tener un alma eterna y hará todo lo posible por conseguirla a pesar de los discursos de todos sus amigos que intentan disuadirla. En los cuentos de Andersen el sentimiento termina a menundo prevaleciendo sobre la razón.
Los personajes que terminan triunfando lo hacen siguiendo los dictados de la naturaleza, siendo sinceros y puros.


- Personaje incómodo en el universo en el que le ha tocado vivir
El Patito Feo (1842) : el personaje es rechazado por todos a causa de su físico por lo que se ve obligado a marcharse para no tener que soportar las burlas y los golpes de los otros. Vive solo, puesto que nadie le acepta realmente tal como es, hasta que un día se atreve a dirigirse a los cisnes, ellos no le rehuyen y descubre entonces que él mismo es un cisne majestuoso.
Aunque este cuento no muestra una sociedad tolerante, es sin embargo optimista con respecto a los otros en lo tocante a este tema : el patito feo, tras pasar varios infortunios, termina encontrando su lugar en una sociedad a su medida en la que va a encontrar la felicidad.



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El patito feo.Wikip

Vilhelm Pedersen ilustración de "Patito Feo"

En los otros cuentos encontramos el caso contrario : la historia de un personaje perfectamente integrado en la sociedad en la que vive, que lo tiene todo para ser feliz, pero que desea algo más y hace todo lo posible para conseguirlo.
La Pequeña Ondine (1835) : princesa del reino submarino, es la más hermosa de las seis sirenitas y tiene la voz más bella. Aunque es objeto de la admiración de todos, ella desea otra vida. Desafiando los peligros, y pasando por sacrificios terribles, va a intentar tener un alma eterna a través de un amor humano que finalmente le es negado y muere.


- El joven rechazado
Los cuentos en los que encontramos este tema siguen a grandes rasgos la misma historia : un niño y una niña crecen juntos, se quieren como hermanos y se llevan de maravilla hasta el día en que son separados. Algún tiempo después se encuentran y el joven le declara enconces su amor a la chica quien se decanta por otro hombre. Él, desesperado, emprende un viaje para olvidar.
Bajo el sauce(1853) : El enamorado protagonista se siente decepcionado por el comportamiento de su amiga y termina muriendo de frío mientras sueña con ella bajo el sauce junto al que habían jugado de pequeños
Ib y la pequeña Christine (1855) : en esta ocasión no es el protagonista quien muere sino la protagonista. Tras rechazar a Ib, Christine se casa con un hombre de buena posición pero que no administra bien su dinero. La pareja cae muy pronto en la miseria y Christine es abandonada junto a su hija. La casualidad hace que Ib la encuentre cuando aún está moribunda, ella le pide que recoja y críe a su hija y él acepta.
Para escribir cuentos como Ce que racontait la vieille Jeanne (1872) y Le bonnet de nuit du commis au poivre (1858), Andersen se inspira en su propia vida sentimental : rechazado en varias ocasiones, nunca llego a casarse.
Bajo el sauce : en este cuento, el personaje femenino hace carrera en el mundo de la canción. Andersen también había estado enamorado de una cantante, Jenny Lind, quien rechazó sin miramientos su demanda de matrimonio. Cada vez que Andersen se enamoraba de una joven, ella se decantaba por otro. Él, sin sentir rencor, continuaba manteniendo buenas relaciones con ellas.


- Una Vida
A Andersen le gusta escribir la historia de una vida, la de un ser humano o la de una leyenda, un animal, un vegetal e incluso un objeto. Es capaz de dar vida, lenguaje y sentimientos humanos a los objetos y a los animales, como en el tradicional género de las fábulas. En ocasiones describe la vida de un personaje desde su nacimiento a su muerte y otras veces simplemente un período concreto de esa vida.
No servía para nada (1853) : en este cuento Andersen nos presenta a una mujer de cierta edad para revelarnos seguidamente cuáles fueron las circunstancias de su vida que han hecho de ella una alcohólica
Bajo el sauce (1853) : el autor comienza contándonos la infancia de un niño y una niña : siempre juntos, pronto serán separados cuando la joven tiene que trasladarse a vivir a otro lugar. Al encontrarse unos años más tarde, el joven declara su amor a la chica quien le rechaza amablemente. Desesperado, viaja para olvidar. Un día la vuelve a ver, pero ella no le reconoce. Entonces, desamparado, vuelve a su pueblo y al sauce bajo el que habían jugado cuando eran niños y se deja morir de frío.
La Virgen de los hielos(1863) : Andersen narra la historia de Rudy desde su nacimiento hasta su muerte.
Andersen se recrea en la descripción de existencias pero también le gusta comparar destinos :
-¿Cuál fue la más feliz ?(1871) : el cuento describe un rosal cuyo jardinero se pregunta por el destino de cada flor, compara sus vidas e intenta saber cual de ellas ha tenido una existencia más feliz.
Los cinco en una vaina (1853) : Andersen compara en esta ocasión las existencias de cinco guisantes de una misma vaina que van a tener diferentes destinos.
Las luces(1871) : la candela siente envidia de la vela pues aquella siempre está colocada en objetos de plata y frecuenta la parte bonita del mundo del que comparte la felicidad y las alegrías, mientras que ella tiene que contentarse con estar confinada en la cocina. Andersen, dando muestras de su ironía, nos cuenta cómo un día la candela es regalada a una familia pobre... y pronto se da cuenta de que la felicidad se encuentra a veces en los lugares más insospechados.


- Importancia de las mujeres
En los cuentos de Andersen las mujeres ocupan un lugar preponderante hasta el punto de que en algunos no encontramos la persencia masculina.
La Pequeña Ondine (1835) : los hombres están casi ausentes en este cuento. Incluso el príncipe, que debería ser un personaje importante, carece de existencia autónoma.
La Reina de las Nieves (1844) : los principales personajes de esta historia son dos niños, Kay y Gerda. Sin embargo, Andersen deja pronto de lado al niño : Kay va a ser criado por la Reina de las Nieves y Gerda va a salir en su busca. Desde el comienzo de su búsqueda se encontrara fundamentalmente con personajes femeninos o animales hembra (una bruja, una corneja, la nieta de un salteador, una finesa y una lapona). Los pocos personajes masculinos o animales macho (un reno, un cornejo, el príncipe) que salpican el cuento no tienen tanta importancia. Además, al igual que en La Pequeña Ondine, Andersen invierte los papeles convencionales de los personajes haciendo que sea la protagonista quien salve al chico.
Las mujeres juegan a menudo el papel tradicionalmente masculino : ellas tienen el poder, la fuerza (la Reina de las Nieves y la Virgen de los hielos) y socorren a los hombres.



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Muchos de los cuentos de Andersen están dedicados a las mujeres : La pequeña vendedora de fósforos (1845), La historia de una madre (1848), No servía para nada (1853), La judía (1856). Dentro de este contexto encontramos el tema de la mujer que no puede ser madre.
Pulgarcita (1836) y La fille du roi de la vase (1858) : en estos cuentos, dos mujeres estériles se encuentran inesperadamente provistas de niños un poco especiales : Pulgarcita es minúscula y la hija del rey del barro, bella y de carácter execrable de día, se convierte por la noche en un sapo feo pero muy gentil. Sin embargo, las madres no se quedarán con estos hijos caidos del cielo : Pulgarcita le será arrebatada por una rana y la hija del rey del barro regresará con su madre natural. Hay que destacar también aquí que Andersen otorga a estas mujeres hijos de sexo femenino.


Pulgarcita(wikipedia)
Pulgarcita ilustrada por Vilhelm Pedersen, 1820-1859

- Estetismo
Andersen es sensible a la belleza y sabe otorgársela a los personajes y a las cosas así como a la naturaleza. Su desarrollado sentido de la observación le permite ofrecernos finas y precisas descripciones. Además, sus numerosos viajes le permiten situar sus relatos en escenarios muy ricos y variados. La naturaleza, por la que Andersen siente respeto y amor, es descrita de forma poética y, en ocasiones, esta dotada de un toque de lirismo romántico que coloca ante nuestros ojos imágenes evocadoras. Así ocurre en La Virgen de los hielos que comienza con una pormenorizada y sugerente descripción de Suiza.
Andersen nos ofrece también bellos retratos de personajes que se inscriben en la tradición poética del cuento como ocurre en La Pequeña Ondine. El autor suele introducir en escena a artistas (pintores, escultores o poetas) que están especializados en la belleza.
En Charmant, Hans Christian Andersen insiste en el hecho de que lo bello es importante pero no primordial : es la historia de un escultor que se casa con una joven muy bella con la que no tarda en aburrirse. Pronto va a sentirse seducido por una amiga de su esposa, sin belleza pero de vivo espíritu.


- Un objeto que cambia la vida
En los cuentos de Andersen, como en la mayoría de los autores, los objetos mágicos son capaces de cambiar la vida pero no siempre en un sentido positivo : algunos se convierten pronto en "destroza-vidas"...
Le briquet (1835) : Aquí todo va bien : un soldado va a hacerse rico y poderoso gracias a un encendedor mágico.
El baúl volador (1839) : un hombre recibe un baúl como regalo de un amigo, como no tiene nada para meter dentro, se mete él mismo y el baúl le lleva a Turquía. Gracias a este baúl va a poder encontrarse con una princesa escondida por su padre en una torre. Tras visitar a un mago obtiene la mano de la princesa. Pero un día antes de la boda, el baúl se quema y nuestro protagonista no puede ir a encontrarse con su novia.
Las zapatillas rojas (1845) : una niña pequeña, muy orgullosa de sus nuevas zapatillas rojas, decide ponérselas todos los días incluso para ir a la iglesia donde no es conveniente. A partir de entonces no volverá a poder quitárselas, tendrá que caminar, correr, bailar con ellas hasta el día en que, extenuada, va a ver al verdugo para que le corte los pies.
Los zuecos de la felicidad (1838) : cualquiera que lleve los zuecos podrá encontrarse en el lugar y en la época que desee. Estos zuecos llevan a las personas a vivir situaciones extrañas.
Estos objetos son los principales agentes del cuento, puesto que, gracias a ellos los personajes viven aventuras increíbles, tanto buenas como malas.


- Lo maravilloso, lo fantástico y el folklore.Como en todos los cuentos, lo maravilloso está presente en los relatos de Andersen especialmente en lo que se refiere al folklore danés.
Habla a menudo de ninfas, de pequeños duendes que habitan las casas, de trolls, de hadas, de brujas, de gárgolas, de elfos, de ondinas, de driades.
También las maldiciones pueden ser el punto de partida de muchos cuentos de Andersen : Los cisnes salvajes (1838), La fille du roi de la vase (1858) o Las zapatillas rojas (1845).
Hans Christian Andersen se inspira en muchas ocasiones en el folklore de los países nórdicos, en sus creencias y leyendas. Así, encontramos en muchas ocasiones el tema de las cigüeñas que portan bebés : Las cigüeñas (1839), Pieter, Peter, Pier (1867), La fille du roi de la vase (1858).
En leyendas nacionales como Ogier el Danés (1845), o en historias reales de personajes históricos, lo maravilloso y lo fantástico se expresan especialmente en los cuentos escritos en su primera época. En los demás, los poderes misteriosos tienden a desaparecer.


-Hada sentada- la podréis encontrar en “reflejos de agua.blogspot.com”.

.....NOTA PERSONAL
Tratando de recopilar información,he leído en varios idiomas la vida de Andersen(para traducir he utilizado la barra Google con traductor,el cual no traduce perfectamente,pero al menos deja entender-si alguien no sabe qué es,que me deje mensaje y le cuento,es muy útil-).En Wikipedia ,la información de cada tema suele varíar de acuerdo al país que lo publique y me encantó cómo lo desarrolla y la cantidad de datos que posee la Wikipedia francesa.Os dejo el enlace hacia la vida del escritor en este sitio.
http://fr.wikipedia.org/wiki/Hans_Christian_Andersen


......REFERENCIAS.
-Cuento”La Sirenita”

http://es.wikisource.org/wiki/La_sirenita

-Texto explicativo de “La Sirenita”


-Texto de “Andersen y su cultura”

http://www.alonsoquijano.org/

-Imágenes:
Las he recogido en la Wikipedia ,en imageshack... y en http://reflejosdeagua.blogspot.com.


En este post y en el de la 1ª parte del trabajo de Andersen:Si hacéis "clic"sobre la mayoría de las imágenes os llevarán a su sitio de origen,así las podréis copiar porque unas tienen un código para pegar en los blogs y otras son explicitamente de dominio público.

NO OS OLVIDÉIS DE LEER LA 1ª PARTE SOBRE ANDERSEN.ES SU BIOGRAFÍA:

"HANS CHRISTIAN ANDERSEN.AMORES Y DESAMORES.SU OBRA".

Sólo desear que os guste este trabajo recogido de otras páginas y debidamente enlazadas y además,qué os sea útil.

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4 comentarios:

  1. Maravilloso relato, y ampliamente documentado... Gracias por compartirlo, amiga.
    Te deseo un feliz fin de semana. Besinos.

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  2. Muchas gracias Maria José.Realmente para mi fue todo un gusto volver a hurgar en la vida de este hombre tan fantástico.

    Un besín preciosa.

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  3. Impresionante trabajo amiga y muy curioso.
    Yo por ejemplo no conocía este cuento así y me ha encantado. Te felicito por ello.

    Besitos reina, muak.

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  4. Muchas gracias querida Carmencita.Me alegra que hayas leido el cuento.Es uno de mis favoritos.Aunque de entre los de Andersen,no sabría cuál prefiero.
    Muak amiga mía en el corazón.

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Hola!

Añade tu comentario y tras que llegue a mi lo publicaré. Algunas veces tardaré algo en hacerlo pues en el sitio que vivo, a 300 m. sobre el casco de Mieres del Camín -Asturias- tengo poca conexión para Internet. Disculpa las molestias.

Gracias